6 hábitos que debes mantener para tener una relación feliz

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1. Dale a tu pareja la importancia que se merece
A veces las rutinas del trabajo, el estudio y las responsabilidades hacen que las personas se concentren en ello y se olviden de todo lo demás.

Esto incluye a la pareja, cuando en un principio se dio todo por ella pero ahora resulta difícil, ya que parece que la tenemos “asegurada”. Esto no es cierto y, si realmente quieres una relación feliz, no debes olvidarte de la otra persona.

Es natural que tus enfoques, las perspectivas de la vida y tus prioridades cambien a largo plazo. Pero esto de ninguna forma significa que debas descuidar a esa persona que representa una parte esencial de tu vida.

Debes considerar que una relación de pareja sana nunca supone un obstáculo para tus sueños y ambiciones. Por el contrario, es un apoyo.

Estar con la persona correcta en el momento adecuado significa un complemento que puede potenciar cada acción que te propongas.

2. Cultivad intereses comunes
Luego de pasar los primeros meses de relación en los que todo era pasión, te darás cuenta de que no tenéis tantas aficiones comunes.

Puede que eso afecte un poco a la relación. Esto es natural y es indispensable que la pareja empiece a cultivar algunos intereses en común.

Una relación feliz es aquella que comparte diferentes momentos e intereses. Ambos miembros se dan la oportunidad de explorar nuevas cosas juntos.

No olvides que también es importante que cada uno tenga sus intereses propios: así no se creará una relación de dependencia.

3. No tomes las cosas muy en serio
Si tienes una relación de varios años, recordarás que en las primeras citas os reíais todo el tiempo y os divertíais mucho solos. Esto era como lo que impulsaba todo y hacía diferente vuestra relación.

Estar en pareja os alejaba de la rutina, esa terrible rutina que hace que todo vaya perdiendo la magia. El humor es fundamental, aunque muchos consideran que la madurez es volverse serio y aburrido.

Aunque es cierto que las relaciones están estructuradas en etapas, no debes olvidar que la risa es la esencia de todo. Reír en pareja hará que os compenetréis y no perdáis esa magia del principio.

Reíos de las cosas que os suceden, de las peleas tontas que podáis llegar a tener, de los errores que podáis cometer durante el sexo, de los golpes accidentales y cualquier asunto chistoso que os pueda suceder.

Nunca perdáis la capacidad de reíros de vosotros mismos.

4. Hablad durante el día
Llamar o enviar un pequeño mensaje preguntando cómo va el día del otro es un hábito importante en una relación feliz. Ayuda a mantener la complicidad y conexión aunque estéis separados y permite estar más en sintonía cuando se ven después.

Así, puedes saber si tu pareja está teniendo un día horrible o tuvo un gran logro que podréis compartir cuando os reencontréis.

Este hábito es indispensable, ya que no solo te permitirá saber de tu pareja, sino que os acercará más. Este pequeño acto deja ver que piensas y te preocupas por la otra persona y por lo que le ocurre.

5. Demuéstrale que te importa
Este hábito es el eje de cualquier relación feliz.

Una de las principales razones por las que una relación fracasa es porque alguno de los dos se siente insatisfecho. Ya sea por falta de atención, detalles, comunicación, relaciones sexuales o conversaciones interesantes.

Esto lleva a que alguno de los dos sienta la necesidad de buscar otras personas o sentir que no se está en el lugar correcto con la pareja. Obviamente la relación no va a ser perfecta todo el tiempo, pero lo importante es mantener una comunicación constante.

Cuando alguno de los dos no se siente valorado por el otro, es mejor expresarlo antes de hacer algo de lo que se puede arrepentir y herir a la pareja.

Nunca dejéis de sorprenderos, de seguir enamorándoos y de tener detalles. Debes asegurarte de hacer lo que sea necesario para demostrarle a esa persona que te importa y que la amas.

La mayoría de las veces son los pequeños detalles los que más gritan tu amor e interés por la otra persona.

6. Dale un abrazo cuando os veáis
El contacto físico diario mejora las relaciones. Por eso el cuerpo puede interpretar este tipo de acciones y crear de manera subconsciente emociones que, con el tiempo, pueden ser tanto positivas como negativas.

Si cada vez que os veáis, os dais un abrazo, estaréis reforzando todos los días este sentimiento de amor, cariño y empatía que a la larga asegurará la duración de una relación feliz.

Estos hábitos son de suma importancia para mantener una relación feliz porque le demuestran a tu pareja que la valoras y le das la importancia que se merece.

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Cosas que no deberías decirle a quien padece depresión

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“¿Por qué no puedes simplemente ser feliz?”
La depresión hace que la mente distorsione la visión del mundo y lo vea todo siempre desde el ángulo de la negatividad y la tristeza. Hablarle sobre la felicidad puede ser más desalentador y desesperanzador para alguien que no es capaz de verla en ese momento.

No hay ninguna solución rápida e insistir esperando un cambio rápido puede reforzar los sentimientos de desánimo y autoataque.

“Las terapias y medicamentos son para quien padece depresión”
Las personas siempre temen pedir ayuda por causa del estigma que la enfermedad mental trae consigo. Ellos pueden tener miedo de exponer cómo se sienten, ya que vivimos en una cultura donde solamente se valora a quien produce mucho.

También los medicamentos son grandes causantes de estrés, debido, nuevamente, a ideas preconcebidas y a historias de dependencia o efectos secundarios. Todo esto se conjuga en miedo general de alterar la psique o “perderse” a uno mismo.

Está bien mencionar la necesidad de ir a terapia pero no obligues a nadie a tomar este camino.

La mayoría del tiempo se necesita de un poco de tiempo para dar este paso.

“Solo céntrate en superar eso”
Las personas que no están deprimidas no presentan disminución de la energía física o psíquica, pero estos dos factores son muy comunes en pacientes con depresión.

Con la intención de poder ayudar quizás le digas al deprimido que se levante y haga algo para mejorar, como salir, viajar o intentar divertirse.

Aunque esta frase es comprensible, para quien padece depresión es un factor que aumenta más la desesperanza. El deprimido es el primero que quiere superar esa sensación, por no sabe cómo.

Su estado de humor, pensamientos y comportamientos están más allá de su control, más aún si tiene depresión grave.

“No es tan malo, otras personas están en peores condiciones”
Nadie quiere compararse con niños hambrientos que viven en zonas de conflictos, ni con un portador con una enfermedad en etapa terminal. ¿Por qué obligas a la persona con depresión a pensar en ello? ¿En verdad crees que se sentirá mejor?

Quien padece depresión suele tener pensamientos que se tornan psicóticos y delirantes. Cuando insistes en poner como ejemplo las condiciones de vida de otra personas, el deprimido se siente peor.

Si bien tu intención es buena, no lograrás ayudarle de ninguna forma soltándole esta frase.

“Vas a estar mejor mañana”
Esta condición no es algo que mejore de la noche a la mañana. Esta falsa expectativa desanima más a quien padece depresión. Solo quien ya vivió un episodio depresivo sabe realmente cuán profundo es el dolor, el sufrimiento y la falta de esperanza.

Con un abordaje médico adecuado, será posible vencer este estado depresivo, pero lleva tu tiempo. Decir esta clase de frases solo hace sentir más incómodo e incapaz a la persona con depresión.

“Es culpa tuya”
Emitimos juicios todo el tiempo, algo que es un error grave, porque nos basamos únicamente en el juicio de valores personales, en falta de informaciones y en desconocimiento del tema.

Desde tiempos primitivos el ser humano se ha visto influido a relacionar la depresión con el pecado.

Esta condición sería un castigo por el hombre haber infringido alguna ley de los “dioses”. Todavía podemos ver a personas que, al hablar de procesos depresivos, hacen alusión a cuestiones relacionadas con pecados y castigos.

Esta actitud tiene consecuencias dramáticas, pues empeora el estado de quien padece depresión.

“No seas tan negativo”
Es difícil estar cerca de alguien con depresión. Su baja energía y humor sombrío te pueden “contaminar”, por lo que las personas instintivamente se apartan. En ocasiones llegamos al punto de expresar abiertamente la ansiedad que el deprimido causa.

Sí, sabemos que quizás su humor no te ayuda. No obstante, decir esto a quien padece depresión lo hace sentir muy solo y aumenta sus emociones negativas.

La mejor manera de ayudar es ser solidario y prestar todo el apoyo que se pueda para buscar los recursos adecuados para enfrentar su problema.

No, la depresión no es meramente psicológica y no tiene un tiempo de cura determinado. No tiene siquiera por qué tener un motivo exacto.

Al final, la depresión es dejar de ver sentido a la vida debido a millones de factores diferentes, como problemas familiares, muertes de personas queridas o fallos profesionales, entre otros.

A pesar de todo, sin excepción, la depresión significa enfrentarse a una lucha diaria para sobrevivir.

http://mejorconsalud.com/cosas-no-deberias-decirle-quien-padece-depresion/

Cómo defender la fe

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1. En lugar de enfadarte, reformula
Hay que buscar los valores cristianos escondidos bajo esa crítica y aceptarlos. Después hay que reformular la historia colocando a la Iglesia en el lugar que honradamente le corresponde.

Por ejemplo, si se acusa a la Iglesia de no preocuparse por el problema del sida en África se puede recoger así el valor cristiano compartido: “A ti te preocupan los enfermos de sida en África, y también a mí, y a la Iglesia, porque Cristo enseña a cuidar a los enfermos. Todos coincidimos en esto y debemos colaborar en este esfuerzo”.

Y podemos reformular el tema dando el contexto real: “Precisamente, la Iglesia es quien atiende al 75% de los enfermos de sida en África, y a casi todos los de zonas remotas, con la Fundación El Buen Samaritano ha ayudado a retrovirales accesibles en países pobres y sus estrategias contra la pandemia, enraizadas en la población local, defendiendo la abstinencia, la fidelidad matrimonial y la reducción de parejas, son las medidas que han funcionado bien, como demuestran el caso de Uganda, Zimbabue y Kenia y, por ejemplo, los estudios del epidemiólogo Edward Green”.

2. Echa luz, no leña al fuego; iluminemos, no acaloremos
El objetivo es comunicar, iluminar, que se entienda qué defiende la Iglesia y por qué. Por eso se explican las cosas con calma. Son conversaciones, a menudo breves y en entornos complicados, en las que no podemos pretender convertir a nadie (aunque, si sucede, bendito sea Dios) sino echar luz en un tema confuso que la gente no entiende.

Señalar con el dedo y regañar no ayuda a evangelizar: se trata de iluminar un tema sin acalorar a nadie; ¡luz, no calor!

3. Piensa en triángulos
El Papa Francisco a menudo reduce sus homilías a tres ideas o tres puntos, porque es una forma eficaz de comunicar. De igual forma, en un diálogo oral, un encuentro breve, una charla informal, en la que vas a tener poco tiempo, es bueno tener 3 ideas claras, incluso memorizadas, y poder decirlas. Si las cosas se ponen feas (no dejan hablar, hay ataques que se salen de tema, un brillante interlocutor ha secuestrado la charla) siempre puedes decir: “Mira, ¿puedo simplemente decir 3 cosas?”

De esas tres cosas, la primera ha de recoger el valor positivo del interlocutor (“Mira, te preocupa el sida en África, y también a mí y a la Iglesia”) y las otras dos lo reformulan (“por eso la Iglesia, y no otras entidades, atienden al 75% de enfermos de sida allí, y lo previene con campañas eficaces de prevención, como demuestran los casos de Uganda, Kenia y Zimbabue, donde con campañas de fidelidad y abstinencia se han reducido los contagios”).

4. La gente no recuerda qué dijiste, sino qué sintió al escucharte
La Verdad, por sí sola, no convence tanto como la Verdad expresada de forma educada, empática, clara y amable. No se trata de “emitir ideas”, como una máquina, sino de tener un trato interpersonal, un encuentro, un conocerse mutuamente y compartir un rato, sentimientos, pasiones y preocupaciones… Tu interlocutor, ¿quedará con ganas de seguir tratándote, de acudir a ti y consultarte… o se sentirá atacado cuando hables y aliviado cuando calles? Los sentimientos del interlocutor son más importantes a la hora de comunicarse entre humanos que la exactitud del discurso.

5. No lo digas, muéstralo
La gente prefiere un testimonio personal antes que una argumentación filosófica. La gente quiere oír cosas que se puedan imaginar. Si hablas del sida en África, ¡lo mejor es que hayas estado en África y cuentes lo que has visto y tocado!

Si no has estado en África, describe lo que cuentan los que sí han estado: dispensarios remotos, monjas con retrovirales en canoa que llegan a poblados de cabañas de paja donde no va nadie, enfermos que piden algo tan sencillo como vitaminas o comida, jefes, ancianos y familias que se reúnen para hablar de cómo enseñar la fidelidad matrimonial a los jóvenes, etc…

6. Acuérdate de decir “sí”
A menudo al católico se le pregunta ¿“por qué estáis en contra de tal cosa”? Es una trampa: hablar “en contra” te dará mala imagen, a ti y a la iglesia, y tu comunicación será ineficaz. El contertulio pensará en la Iglesia como en una antipática policía moral, en vez de ver un testimonio del amor de Dios, como Madre Teresa. Hay que reformular el tema para explicarlo en positivo.

Por ejemplo, si preguntan “¿por qué estáis en contra del preservativo en África?” se puede responder que “estamos a favor de la vida, de las familias, de combatir el sida de forma realmente eficaz, cosa que el preservativo no consigue en el contexto africano; estamos a favor de cambiar los hábitos para que sean más sanos, como los mismos africanos defienden y han demostrado en Uganda, Kenia y Zimbabue: monogamia, abstinencia hasta el matrimonio, atención a los enfermos…”

7. La compasión importa
Mucha gente ha sufrido abusos, traumas sexuales, malos tratos por parte quizá de algún eclesiástico… o experiencias duras de enfermedad, dolor, infertilidad, deseos frustrados… y descarga eso contra la Iglesia y contra Dios. Si hablas con ellos, o hablas sobre ellos (enfermos que sufren y piden la eutanasia, madres asustadas que creen que necesitan abortar, etc…) has de dejar claro que sientes compasión, solidaridad, que los entiendes en sus sentimientos, que empatizas. La Iglesia es madre y las madres se duelen con sus hijos dolidos. Los enemigos de la Iglesia la presentarán una y otra vez como una máquina fría, insensible. Como voz católica, en encuentros personales, muchas veces, en vez de dar argumentos, habrás de mostrar compasión, acogida y escucha.

8. Las cifras son complicadas y no convencen mucho
“Las estadísticas pueden resultar abstractas e inhumanas, o simplemente una tapadera. No es extraño que, cuando un político las usa, la gente piense que está mintiendo. No bases la argumentación en cifras y datos, aunque puedes usarlos para ilustrar el argumento principal”, enseña el modelo de Catholic Voices, pensando sobre todo en el coloquio hablado. Además, hay que simplificar las cifras: no digas “un 33,5%” sino “uno de cada tres”. Con todo, en una exposición por escrito, o con gráficos visuales, pueden ayudar.

9. Se trata de dar testimonio, no de vencer a nadie
La gente casi nunca cambia de mentalidad ante un argumento firme, sino ante una realidad visible… que suele ser una persona. Por ejemplo, quien veía a la Iglesia como fría e insensible puede cambiar al ver cristianos empáticos y compasivos. Para que “se vea”, el cristiano ha de testimoniarlo. Los interlocutores hostiles a Jesús le tendían muchas trampas y mostraban su fuerte oposición, pero Él respondía sin violencia y sin victimismo. La mentalidad de “ganar la argumentación”, o peor aún, “hundir al otro” no sirve para dar testimonio, no ilumina.

10. No se trata de ti
Como Juan el Bautista, el cristiano anuncia a alguien más grande, Cristo y su Iglesia, y se retira, sin protagonismos. Es bueno rezar antes de un debate, charla, encuentro… y ponerlo en manos de Dios, saber que es cosa Suya, no tuya. Hay que pedir al Espíritu Santo que hable a través de ti. E incluso si lo haces mal, puedes aprender en cada ocasión sabiendo que lo pones en manos de Dios y vas a intentar mejorar.

En Catholic Voices, antes de una intervención, rezan una oración pidiendo “los dones del Espíritu Santo que necesitamos para este trabajo, en especial los de sabiduría, dulzura, valor y alegría” y solicitando la intercesión de la Virgen Trono de Sabiduría, de San Juan XXIII, de San Juan Pablo II y de los beatos Tito Brandsma, Catalina de Siena y cardenal Newman.

Yago de la Cierva y Austen Ivereigh, “Cómo defender la fe”