Prohibido quejarse

Salvo Noè, psicólogo, terapeuta y experto en procesos formativos

Noè abordó al Papa en la plaza San Pedro para obsequiarle con un cartel con la señal de prohibido circular en el que rezaba: “Prohibido quejarse”. “El papa Francisco reaccionó con sorpresa pero le dijo a su secretario que quería ese cartel colgado en la puerta de su despacho”. Así nació una amistad que culminó con la segunda edición del libro Prohibido quejarse (San Pablo) prologado por el Pontífice y que se ha convertido en un superventas en Italia con más de 25.000 ejemplares vendidos. Noè identifica el victimismo y la queja como el recurso privilegiado de la comunicación social de nuestros días y llama a sustituir ese virus paralizante y contagioso por el entusiasmo, la gratitud y la responsabilidad para mejorar nuestra vida.

¿Nos quejamos ahora más que nunca?

Sí, la actitud de queja se ha cronificado, se ha convertido en un modo de afrontar la vida.

¿Somos una sociedad de quejicas?

Sí, nos quejamos por una profunda sensación de vacío, la incapacidad de dar sentido a nuestra vida; y también porque es un mecanismo eficaz para manipular a los demás. Somos víctimas de un profundo egocentrismo.

La queja, ¿una costumbre limitadora?

Una desvalorización de uno mismo y de los demás que bloquea toda salida. La queja impide al cerebro trabajar para encontrar soluciones y crear nuevas oportunidades. Sabemos que donde va el pensamiento, la energía fluye y crea, pero la queja es estéril.

¿Y por qué nos quejamos ahora más que nunca?

Nuestros antepasados tenían los códigos de la inteligencia de la vida que nosotros hemos sustituido por la inteligencia tecnológica y nos hemos perdido.

¿La queja es un hábito hereditario?

Nos quejamos porque hemos escuchado a otros quejarse. Se aprende por imitación. En las familias los niños se acostumbran a escuchar a los adultos quejarse, y esta costumbre se vuelve deletérea.

¿Cómo cambiar ese hábito venenoso?

Si cambiamos las costumbres, cambiamos el carácter. La queja es una tela de araña que tejemos a diario. Debemos desplazar la energía de la queja a las soluciones, a las propuestas.

¿Qué propuestas?

Se trata de amar la vida, aumentar nuestras competencias, compartir relaciones más auténticas, tener valores reales y esperanza en el futuro. Tiene mucho que ver con la autoestima.

Dar valor a nuestra vida, entiendo.

Una persona que cree poco en si misma se parece a un árbol al que se le cortan regularmente las raíces para impedir que crezca.

Siempre me han entristecido los bonsáis.

Debemos retornar a las raíces, alimentar los valores auténticos, que crezcan. Responsabilidad viene del latín responsum abilitas, es decir: capacidad de responder.

¿A los avatares de la vida?

Para salvarnos del victimismo crónico y dejar de echarle a los demás y al mundo la culpa de nuestra incapacidad, necesitamos desarrollar tres competencias esenciales.

¿Cuáles son esas competencias?

El conocimiento, es decir, el saber. La capacidad, que es saber actuar; y el comportamiento, que consiste en saber ser.

¿El conocimiento salva del victimismo?

Hay que adquirir habilidades, lo cual requiere conocimiento y esfuerzo: no hay atajos. Pero no dejemos nunca que lo que no podemos hacer interfiera con lo que podemos hacer.

Eso es inteligente.

Y hay que saber vivir nuestras emociones: siéntete dentro de ti mismo y deja fluir todo lo que te habita. Si estás enfadada, sigue enfadada. Acoge y respeta tus emociones, se trata de gestionarlas, no de cambiarlas.

¿Y si nos sentimos limitados, débiles, frágiles y cansados?

Hay que hacer músculo emocional, echarle más ánimo, valor, ganas, decisión… para ir a mejor. Empezar por entender lo que queremos de verdad, buscar en nuestro interior esa potencialidad que no estamos expresando.

Venirse arriba.

En nuestra interioridad encontraremos las ganas de vivir una vida digna de ese nombre: qué es lo que deseo, qué espero de mí… Toda dificultad esconde una bendición.

Usted hablaba de enfermedad social…

Necesitamos compartir, y eso significa encontrarse, respetarse , mirarse a los ojos, escucharse y decirnos a nosotros mismos y los unos a los otros lo que deseamos realmente, y así los encuentros se vuelven abrazos.

Bonito.

Necesitamos encuentros de verdad, este es el único camino para cambiar la vida, porque juntos podemos cambiar, porque los abrazos son las alas del corazón.

¿Su propuesta es que nos abracemos?

Sí, tanto físicas como psíquicamente y a nivel simbólico. Cada uno de nosotros es diverso, pero en el encuentro nos convertimos en una unidad: una familia, una escuela, una clase… se convierten en una peculiar unidad.

Lanzó usted una propuesta hace años: dedicar el segundo curso de bachillerato a la comprensión de la vida.

Una propuesta que mantengo y por la que peleo. Debemos invertir en el crecimiento humano, enseñar a los niños la inteligencia de la vida, abrir sus corazones a la alegría, hacerlos bailar, cantar, y enseñarles a vivir y expresar las emociones, a respetar al otro, a mirarse a los ojos.

¿Por qué en segundo de bachillerato?

Yo defiendo un año integrativo, para que antes de que se encaminen a escoger un futuro puedan afrontar esa decisión sabiendo en qué tipo de hombre o de mujer se quieren convertir.

¿Ha hecho una propuesta concreta al gobierno italiano?

Sí, y espero respuesta, y seguiré insistiendo; y también se la hago al gobierno español a través de esta entrevista. Creemos sinergia y procuremos cambiar a mejor todos juntos, porque como dice el papa Francisco: quejarse hace daño al corazón.

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20181012/452305399997/y-asi-los-encuentros-se-vuelven-abrazos.html