Lo que nunca debes decir a unos padres que han perdido un hijo


Los psicólogos aconsejan dar tiempo a las parejas que pierden a un bebé.

Critican que muchas veces las parejas reciben mensajes de «es la voluntad de Dios» o «son jóvenes, pueden tener otro» o incluso «mejor ahora que más tarde», frases que no sólo son muy dolorosas y no ayudan, sino que muchas veces acaban siendo causa se desacuerdos o conflictos entre quien los ha mencionado y la pareja.

Por ello, recomiendan escuchar de manera activa y sin juzgar a los padres que han perdido a un hijo, no quitar importancia a su pérdida y, si lo tenía, referirse al bebé por su nombre. En caso de no saber qué decir, aconsejan quedarse en silencio o estar ahí para lo que necesiten y también sugieren ayudar a la pareja con las tareas del hogar o las comidas, porque es posible que durante un tiempo no puedan desenvolverse.

También destacan la importancia de no insistir con preguntas del tipo «¿cuándo volverás a ser la de antes?», pues volver a construirse después de un golpe tan duro es posible, pero necesita tiempo y eso depende de cada persona. Según los psicólogos, el duelo no va de olvidar, no va de superar, sino de aprender a vivir con la pérdida.

https://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-nunca-debes-decir-unos-padres-perdido-hijo-201811090301_noticia.html

Todo lo que debes decir (y lo que no) al dar el pésame

Ir a un entierro o funeral siempre supone cierto nerviosismo: ¿qué le digo a la familia?

Con el objetivo de despejar dudas y nerviosismo ante este duro momento, José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud aporta los siguientes consejos:

No decir frases hechas porque son tópicos. No sirven de consuelo.

—¿Qué le digo,entonces, en el tanatorio? Como decía un filósofo «tenemos dos orejas y una boca»; es decir, es mejor escuchar el doble de lo que hablamos. En esta ocasión, sentirse escuchado puede suponer el mayor de los apoyos. Regalarle la escucha, que hable y se desahoge, que saque todo lo que piensa y se sienta acompañado.

No dar consejos. Lo mejor es hablar del fallecido, al hacerlo estamos dandado un poco de sentido a lo sucedido, porque muchas veces no lo encontramos. Fomentar que el ser querido cuente cómo era su hijo fallecido, de qué manera vivió, murió… Eso ayuda en forma de terapia a descargar emociones.

Dar un fuerte abrazo vale en muchas ocasiones más que las palabras. Debe ser un abrazo sincero, aquel del que se sale con el hombro empapado por sus lágrimas.

Nunca decirle «si ya tenía muchos años, es mejor así». Eso es muy doloroso para el allegado. Es para responderle «pues que te pase a ti y verás si es mejor también».

Llamarle, pasado el tiempo, y preguntarle cuestiones que parecen poco importantes, pero que sí que lo son: ¿Has comido?, ¿has dormido bien?, ¿te queda leche o fruta en la nevera?, ¿te apetece dar una vuelta?, ¿quieres que tomemos un caldito?… Para que no se sienta abandonada. No son preguntas investigadoras, pero uno se hace próximo y sabe si se está descuidando o no por la pérdida del ser querido.

No decir «ya verás como el tiempo lo cura todo».

No dejar de hablar del difunto ni evitar mencionar su nombre. Hay que recordarle. Que nadie diga «bueno, déjalo ya que ya ha pasado tiempo».

No juzgar la forma en que los allegados sienten o expresan su dolor. cada duelo es personal y distinto.

No comparar. Si se va a ver a una persona que, por ejemplo, ha perdido a su abuelo, no decirle «peor fue cuando murió mi hermano».

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