La oración del católico

Todos sabemos lo importante que es, en la familia, el diálogo frecuente entre el marido y la mujer: aumenta el conocimiento, la comprensión, la confianza mutua, la unidad y en definitiva el amor.

Los mismos efectos produce la oración frecuente en nuestra relación con Dios: le conocemos y comprendemos mejor, confiamos más en Él, nos sentimos más unidos a Él y lo amamos más.

Además de todo esto, la oración es una gran ayuda para los demás porque el Señor concede siempre lo que le pedimos, aunque a veces no en el momento y del modo que habríamos pensado nosotros.

Cada vez que hacemos oración recibimos tanta colaboración del Espíritu Santo que podemos estar seguros del buen resultado, aunque nos parezca que nos hemos distraído mucho.

Vale la pena proponerse hacer oración cada día durante un tiempo determinado (al menos 10 o 15 minutos), preferiblemente a hora fija.

A. Una forma, entre muchas, de hacer oración es la siguiente:
1) Prepararse:
– Elegir un lugar. El mejor es junto a la Eucaristía, pero no siempre es posible.
– Pensar en la misericordia de Dios y confiar plenamente en Él.

2) Hablar:
– Adorarle por lo que Él es, nuestro Creador, Sabiduría infinita, Amor infinito… La adoración es una actitud de profunda reverencia y amor. “Adorar es reconocer la grandeza y la bondad de Dios, aprender a estar con Él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas” (Papa Francisco, 14-4-2103).
– Darle gracias por todo lo que nos da y por el cielo que nos tiene preparado.
– Pedirle perdón por nuestros pecados y olvidos.
– Tratarle con ternura, sabiendo que aunque no hagamos bien las cosas, nos quiere con locura. Que no nos dé vergüenza manifestarle cariño. Jesús quiere que lo tratemos como amigo, como hermano, incluso como hijo: “El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mt 12, 50).
– Pedirle por la Iglesia, por el Papa, por nuestra familia, por nuestros amigos, por nosotros mismos. Con fe, con pocas palabras, Dios es servicial, no hay que convencerle ni hay que ofrecerle algo a cambio.

3) Escuchar:
– La transformación del corazón es la primera respuesta a nuestra oración (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2739) pero además es bueno permanecer a ratos en silencio para pensar y para que el Señor pueda sugerirnos alguna idea.

4) Mantener la atención: para ello, nos puede ayudar:
– Contemplar un crucifijo o una foto de la familia.
– Cuando es posible, tomar nota de lo que le estamos pidiendo a Dios en la oración y de las ideas que vienen a nuestra mente. Lo aconsejan muchos santos. Evita las distracciones.
– Revisar notas anteriores.
– En algún caso, leer algo del Evangelio o de un libro espiritual. Leer poco: si estuviéramos hablando con un amigo quizá le leeríamos una frase escrita, pero no una novela entera.

B. Jesús nos enseña a hacer oración:
– Con el Padrenuestro: nos enseña a tratarle con la confianza que da el ser sus hijos y a no temer pedir cosas grandes (venga a nosotros tu reino).
– Con la parábola del fariseo y el publicano: a dirigirnos a Él con humildad, sin pensar en nuestros méritos (Lucas 18, 9-14).
– Con la parábola del juez injusto y la viuda: a ser perseverantes en la petición (Lucas 18, 1-8).

C. Frases sobre la oración:
a) “No es otra cosa, a mi parecer, sino trato de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Santa Teresa de Jesús).

b) El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz” (Santa Teresa de Calcuta).

c) “Rezar es tener fe. Tener fe en la vida, en las personas, en tus amigos, en tus hijos, en tus padres, en Dios. Es un súper poder que nos predispone al bien. Rezar es creer en un mundo mejor” (Miguel Angel Robles, profesor universitario).

d) “Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente, y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio si las almas piden poco, estrechan sus corazones” (Diario de Santa Faustina Kowalska, n. 1578).

e) “¿Quién hay entre vosotros, al que si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una culebra? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos dará cosas buenas a quienes le pidan?” (Mt 7, 9-11).

D. Vídeos sobre la oración
https://www.youtube.com/watch?v=aR6J1pPiRQo&feature=emb_logo (Robert Barron)
https://www.youtube.com/watch?v=Dq6KXCKlVJs (Francisco Crespo)

Álvaro Gámiz