Entrevista al Papa Francisco: Ponerse en los zapatos del otro

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El papa Francisco concedió una entrevista a la publicación gratuita mensual “Scarp de’ tenis” publicada por Cáritas en Milán, Italia, con motivo de su visita el próximo 25 de marzo a Milán, donde acudirá a algunas de las zonas más desfavorecidas de esta ciudad del norte de Italia.

El pontífice señaló lo difícil que es “ponerse en los zapatos del otro”, y explicó qué aunque es algo bueno y justo dar limosna a los pobres, no se puede “arrojarle el dinero sin mirarle a los ojos, pues esto no es un gesto de cristiano”.

Ponerse en los zapatos del otro
En referencia al “pueblo de los invisibles, de las personas sin domicilio fijo”, se le preguntó al pontífice como fue recibido el llamamiento de abrir las puertas de las iglesias para recibirlos.

El llamamiento del Papa fue escuchado por muchas personas y muchas parroquias, dijo el Santo Padre. En el Vaticano hay dos parroquias y cada una recibió a una familia de Siria. Muchas parroquias en Roma abrieron sus puertas a la acogida y sé que otras, que no tienen sitio, juntaron dinero para pagar el alquiler durante un año a las personas y familias necesitadas. El objetivo debe ser la integración, es importante que los acompañen durante un período inicial. En muchas partes de Italia se hizo. Las puertas se abrieron en muchas escuelas católicas, conventos, en muchas otras estructuras. Por eso digo que el llamamiento fue escuchado. También sé de muchas personas donaron dinero para pagar el alquiler de las personas sin domicilio fijo”

“Es muy difícil meterse en los zapatos, en el lugar de los demás, porque a menudo somos esclavos de nuestro egoísmo”, señaló Francisco más adelante y explicó: “En un primer nivel, podemos decir que la gente prefiere ocuparse de sus propios problemas sin querer ver el sufrimiento u otras dificultades. Pero hay otro nivel. Ponerse en los zapatos de los demás significa tener una gran capacidad de comprender, de entender los momentos y las situaciones difíciles. Si pensamos, además, en las existencias que están hechas a menudo de soledad, ponerse en los zapatos del otro significa servicio, humildad, generosidad, que es también la expresión de una necesidad. Necesito que alguien se ponga en mis zapatos. Porque todos necesitamos comprensión, compañerismo y un consejo. Cuántas veces conocí a personas que, después de haber buscado consuelo en un cristiano, ya sea un laico, un sacerdote, una monja, un obispo, me dice: “Sí, me ha escuchado, pero no me ha entendido.” Entender significa ponerse en los zapatos de los demás”.

Mirar a los ojos a los viven en la calle
En referencia a las personas sin hogar el pontífice indicó que las personas que viven en la calle entienden de inmediato cuando hay un interés real por parte de la otra persona o cuando hay, no quiero decir ese sentimiento de compasión, pero sí, ciertamente de pena. Se puede ver una persona sin hogar y mirarlo como una persona, o como un perro. Y ellos se dan cuenta de esta forma diferente de mirar”.

El gesto de san Juan Pablo II
El papa Francisco puso como ejemplo una anécdota de la vida de san Juan Pablo II: “En el Vaticano -contó Francisco- es famosa la historia de una persona sin hogar, de origen polaco, que solía estar en la Piazza Risorgimento en Roma. No hablaba con nadie, ni siquiera con los voluntarios de Cáritas que por la noche le llevaban una comida caliente. Sólo después de mucho tiempo consiguieron que les contase su historia: ‘Soy un sacerdote, conozco muy bien a su Papa, estudiamos juntos en el seminario’. La voz llegó a san Juan Pablo II, que oyó el nombre, confirmó que había estado con él en el seminario y quiso encontrarlo. Se abrazaron después de cuarenta años, y al final de la audiencia, el Papa pidió ser confesado por el sacerdote que había sido su compañero. “Pero ahora te toca a ti”, dijo el Papa. Y su compañero de seminario fue confesado por el Papa. Gracias al gesto de un voluntario, de una comida caliente, de unas palabras de consuelo, de una mirada bondadosa, esta persona pudo recuperarse y hacer una vida normal que lo llevó a ser capellán de un hospital. El Papa lo había ayudado, por supuesto, esto es un milagro, pero también es un ejemplo para decir que las personas sin hogar tienen una gran dignidad”.

Francisco relató en la entrevista otro ejemplo: “En el arzobispado de Buenos Aires en una reja entre un portal y la acera vivían una familia y una pareja. Los encontraba cada mañana cuando salía. Los saludaba e intercambiaba unas palabras con ellos. Nunca pensé en echarlos. Alguien me dijo: “Ensucian la Curia”, pero la suciedad está dentro. Yo creo que hay que hablar con la gente con gran humanidad, no como si tuvieran que pagarnos una deuda y no tratarlos como si fueran pobres perros”.

Preguntado sobre si es “es justo dar limosna a las personas que piden ayuda en la calle”, el Papa respondió: “Hay tantos argumentos para justificarse a sí mismo cuando no se da limosna. “¿Pero cómo, yo le doy el dinero y luego se lo gasta en un vaso de vino?’. Un vaso de vino es la única felicidad que tiene en la vida, eso está bien. Pregúntate, más bien, que es lo que haces tu en secreto, que felicidad buscas a escondidas. O bien, a diferencia de él, eres más afortunado, tienes una casa, una esposa, hijos, ¿Qué es lo que te lleva a decir, “Ocúpense ustedes de él”.

Una ayuda siempre es justa. Desde luego, no es bueno lanzar al pobre solo algunas monedas. Es importante el gesto, ayudar a los que piden mirándoles a los ojos y tocando sus manos. Echar el dinero y no mirar a los ojos, no es un gesto de cristiano. Enseñar la caridad no es descargar las propias culpas, pero es un acercarse, un mirar a una miseria que llevo dentro de mí y que el Señor comprende y salva. Porque todos tenemos miserias dentro”.

Lo difícil es “integrar” a los migrantes
¿Se puede acoger a todos los migrantes sin distinción o es necesario establecer un límite? Le preguntaron al Papa en la entrevista.

“Los que llegan a Europa -respondió Francisco- huyen de la guerra o del hambre. Y de alguna manera somos culpables porque explotamos sus tierras, pero no hacemos ningún tipo de inversión para que ellos puedan beneficiarse. Tienen derecho a emigrar y tienen derecho a ser acogidos y ayudados. Pero esto debe hacerse con esa virtud cristiana que debe ser propia de los gobernantes; la prudencia. ¿Qué significa? Significa aceptar a todos aquellos que se “pueden” recibir Y esto con respecto a los números”.

“Pero es igualmente importante reflexionar sobre “cómo” recibir. Porque recibir significa integrar. Esto es lo más difícil, porque si los inmigrantes no se integran, se guetizan. …Integrar, significa entonces, entrar en la vida del país, respetar la legislación del país, respetar la cultura del país, pero también respetar la propia cultura y las propias riquezas culturales. La integración es un trabajo muy difícil. Recibir, acoger, consolar e integrar inmediatamente. Lo que falta es la integración. Cada país debe ver a cuantos puede acoger. No se puede acoger si no hay posibilidad de integración”.

En la Argentina todos somos inmigrantes
“Nunca me sentí desarraigado, dijo el Papa. En la Argentina todos somos emigrantes. Por eso allí el diálogo interreligioso es lo normal. En la escuela había judíos llegados en su mayoría de Rusia y musulmanes sirios y libaneses, turcos o con el pasaporte del Imperio Otomano. Había mucha hermandad”

Preguntado sobre qué cosas extrañaba de Buenos Aires el Papa respondió: “Sólo hay una cosa que echo mucho de menos: la posibilidad de salir y pasear por la calle. Me gusta ir a visitar las parroquias y conocer gente.

La solidaridad de los humildes
¿Es posible la solidaridad donde hay pobreza y miseria? Le preguntaron a Francisco.

“Le hablo de mi experiencia en Buenos Aires. En los barrios pobres hay más solidaridad que en los del centro -respondió el pontífice- y añadió: En las villas miseria hay muchos problemas, pero a menudo los pobres son más solidarios entre sí porque sienten que se necesitan mutuamente. He encontrado más egoísmo en otros barrios, no quiero decir ricos porque sería calificar descalificando, pero la solidaridad que vemos en los barrios pobres, no se ve en otros lugares, aunque la vida sea más complicada y difícil. En los barrios pobres, por ejemplo, se ve más la droga, pero sólo porque en otros barrios está “tapada” y se usa con guantes blancos.

Por último, en referencia a su inminente visita a la ciudad italiana, el papa Francisco dijo que “no conozco Milán. He estado allí sólo una vez, por unas horas, en los años setenta. Pero tengo un gran deseo, espero conocer a tanta gente. Es mi mayor expectativa: Sí, espero encontrar a tanta gente”.

Cosas que no deberías decirle a quien padece depresión

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“¿Por qué no puedes simplemente ser feliz?”
La depresión hace que la mente distorsione la visión del mundo y lo vea todo siempre desde el ángulo de la negatividad y la tristeza. Hablarle sobre la felicidad puede ser más desalentador y desesperanzador para alguien que no es capaz de verla en ese momento.

No hay ninguna solución rápida e insistir esperando un cambio rápido puede reforzar los sentimientos de desánimo y autoataque.

“Las terapias y medicamentos son para quien padece depresión”
Las personas siempre temen pedir ayuda por causa del estigma que la enfermedad mental trae consigo. Ellos pueden tener miedo de exponer cómo se sienten, ya que vivimos en una cultura donde solamente se valora a quien produce mucho.

También los medicamentos son grandes causantes de estrés, debido, nuevamente, a ideas preconcebidas y a historias de dependencia o efectos secundarios. Todo esto se conjuga en miedo general de alterar la psique o “perderse” a uno mismo.

Está bien mencionar la necesidad de ir a terapia pero no obligues a nadie a tomar este camino.

La mayoría del tiempo se necesita de un poco de tiempo para dar este paso.

“Solo céntrate en superar eso”
Las personas que no están deprimidas no presentan disminución de la energía física o psíquica, pero estos dos factores son muy comunes en pacientes con depresión.

Con la intención de poder ayudar quizás le digas al deprimido que se levante y haga algo para mejorar, como salir, viajar o intentar divertirse.

Aunque esta frase es comprensible, para quien padece depresión es un factor que aumenta más la desesperanza. El deprimido es el primero que quiere superar esa sensación, por no sabe cómo.

Su estado de humor, pensamientos y comportamientos están más allá de su control, más aún si tiene depresión grave.

“No es tan malo, otras personas están en peores condiciones”
Nadie quiere compararse con niños hambrientos que viven en zonas de conflictos, ni con un portador con una enfermedad en etapa terminal. ¿Por qué obligas a la persona con depresión a pensar en ello? ¿En verdad crees que se sentirá mejor?

Quien padece depresión suele tener pensamientos que se tornan psicóticos y delirantes. Cuando insistes en poner como ejemplo las condiciones de vida de otra personas, el deprimido se siente peor.

Si bien tu intención es buena, no lograrás ayudarle de ninguna forma soltándole esta frase.

“Vas a estar mejor mañana”
Esta condición no es algo que mejore de la noche a la mañana. Esta falsa expectativa desanima más a quien padece depresión. Solo quien ya vivió un episodio depresivo sabe realmente cuán profundo es el dolor, el sufrimiento y la falta de esperanza.

Con un abordaje médico adecuado, será posible vencer este estado depresivo, pero lleva tu tiempo. Decir esta clase de frases solo hace sentir más incómodo e incapaz a la persona con depresión.

“Es culpa tuya”
Emitimos juicios todo el tiempo, algo que es un error grave, porque nos basamos únicamente en el juicio de valores personales, en falta de informaciones y en desconocimiento del tema.

Desde tiempos primitivos el ser humano se ha visto influido a relacionar la depresión con el pecado.

Esta condición sería un castigo por el hombre haber infringido alguna ley de los “dioses”. Todavía podemos ver a personas que, al hablar de procesos depresivos, hacen alusión a cuestiones relacionadas con pecados y castigos.

Esta actitud tiene consecuencias dramáticas, pues empeora el estado de quien padece depresión.

“No seas tan negativo”
Es difícil estar cerca de alguien con depresión. Su baja energía y humor sombrío te pueden “contaminar”, por lo que las personas instintivamente se apartan. En ocasiones llegamos al punto de expresar abiertamente la ansiedad que el deprimido causa.

Sí, sabemos que quizás su humor no te ayuda. No obstante, decir esto a quien padece depresión lo hace sentir muy solo y aumenta sus emociones negativas.

La mejor manera de ayudar es ser solidario y prestar todo el apoyo que se pueda para buscar los recursos adecuados para enfrentar su problema.

No, la depresión no es meramente psicológica y no tiene un tiempo de cura determinado. No tiene siquiera por qué tener un motivo exacto.

Al final, la depresión es dejar de ver sentido a la vida debido a millones de factores diferentes, como problemas familiares, muertes de personas queridas o fallos profesionales, entre otros.

A pesar de todo, sin excepción, la depresión significa enfrentarse a una lucha diaria para sobrevivir.

http://mejorconsalud.com/cosas-no-deberias-decirle-quien-padece-depresion/

Cómo consolar a quien ha perdido un ser querido

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Silencio empático: uno de los pasos más importantes, si se está en presencia de alguien que acaba de enterarse de que su ser querido ha fallecido es el silencio empático, el cual consiste en acompañar a la persona en su dolor, demostrando que se está con ella. Los Psiquiatras aconsejan no tratar de ofrecer explicaciones o justificaciones a los sucesos de la vida o la muerte. Por el contrario recomiendan guardar silencio, y dejar que la persona se desahogue. Esta técnica es pertinente sobre todo si se comparte el duelo por la persona querida con quien se trata de consolar, pues este tipo de explicaciones pueden llevar a perder la fortaleza a quien trata de servir de apoyo.

Contacto físico: así mismo, los especialistas en comportamientos y emociones humanas aconsejan usar el contacto físico como método de consuelo más que las palabras, pues en este tipo de momentos nada de lo que se diga podrá reparar o atenuar el dolor por el ser fallecido. De esta forma la persona que sufre el duelo sólo puede ser reconfortada por la compañía de otros amigos y familiares, que lo hagan recordar que no está solo en su dolor. Así, los especialistas aconsejan optar por el abrazo sentido, o la caricia en la espalda, acompañado del silencio empático, siempre y cuando la persona a consolar no rechace el contacto físico.

Evitar frases hechas: igualmente los expertos aconsejan evitar el uso de lugares comunes, que lejos de hacer parecer sincero el sentimiento de quien lo pronuncia, de nada sirven para dar consuelo. En este sentido, frases como “ya saldrás de este dolor” o “tienes que ser fuerte” están vetadas por los psiquiatras a la hora de pensar en consolar a alguien que pasa por un momento de duelo. De la misma manera, deben evitarse frases como “no somos nada” para referirse al suceso de la muerte en sí.

Evitar animar: en ocasiones las personas que intentan consolar a alguien que pasa por una emoción de duelo optan por la estrategia de tratar de animar a la persona recordándole que tiene toda una vida a sus pies, llena de felicidad, hijos, pareja, profesión. No obstante, los expertos también apuntan a que ésta es una estrategia equívoca pues la persona está concentrado en su sensación de dolor, y frente al intento reiterativo por animarlo puede llegar a sentir que no está siendo comprendido, lo que puede ocasionar incluso un alejamiento o rechazo de esta persona hacia quienes pretenden consolarlo.

Ayuda, pero concreta: en momentos de intenso dolor, la persona que lo sufre –aun cuando esté atravesando una experiencia terrible- no deja de tener responsabilidades, incluso una vez pasado el momento del entierro o cremación, el deudo regresa a su cotidianidad aunque no esté emocionalmente preparado para afrontarla. En tal sentido, los expertos aconsejan, si se está en disposición, ofrecer ayuda concreta, es decir, llegar con una propuesta, evitando frases ambiguas como “me avisas si necesitas algo”. Así mismo se aconseja que una buena forma de ayudar los días siguientes a una familia que atraviesa una pérdida es llevar comida hecha a la casa, a fin de evitarles sacar fuerzas para afrontar su realidad, mientras se adaptan a ella.

Disponibilidad: esta es otra de las cualidades más importante que debe tener alguien que desea servir de consuelo a alguien que ha perdido a un ser querido. En este punto, los especialistas del comportamiento recuerdan que el duelo tiene varias etapas y sentimientos, y no se desarrolla de la misma manera en todos los seres humanos, por lo que se debe estar disponible todos los días y horas de esos días, para el momento en que la persona de vive un duelo decida abrir su corazón para hablar de sus sentimientos y emociones.

Acompañar: básicamente, lo único que se puede hacer mientras un amigo o compañero vive una etapa de duelo es acompañarlo, no obstante esta compañía debe tener ciertas características, en primer lugar debe ser una compañía empática, que respete el dolor del otro, sin tratar de evadirlo, ignorarlo o menospreciarlo, así como tampoco se debe insistir en que desaparezca o se supere. Igualmente, el uso de “nosotros” para hablar de la pérdida hará que el deudo se sienta más acompañado.

Buscar ayuda: por último, aunque cada persona tiene sus ritmos y tiempos, lo expertos recuerdan que la sensación de duelo abarca aproximadamente dos semanas y media, mientras que la persona entiende racionalmente que su ser querido se ha ido. Sin embargo, no todos logran superar esta situación por sí solos, requiriendo en ocasiones ayuda profesional de un orientador, que lo ayude a reencontrarse con sus emociones o simplemente aceptar la circunstancia vital por la que pasa. En este sentido, una forma de ayudar a alguien que atraviesa por el duelo es vigilar de cerca la extensión de la emoción del duelo, sabiendo que una tristeza de más de quince días requiere intervención, pues podría generar en una depresión profunda.

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