Cosas que no deberías decirle a quien padece depresión

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“¿Por qué no puedes simplemente ser feliz?”
La depresión hace que la mente distorsione la visión del mundo y lo vea todo siempre desde el ángulo de la negatividad y la tristeza. Hablarle sobre la felicidad puede ser más desalentador y desesperanzador para alguien que no es capaz de verla en ese momento.

No hay ninguna solución rápida e insistir esperando un cambio rápido puede reforzar los sentimientos de desánimo y autoataque.

“Las terapias y medicamentos son para quien padece depresión”
Las personas siempre temen pedir ayuda por causa del estigma que la enfermedad mental trae consigo. Ellos pueden tener miedo de exponer cómo se sienten, ya que vivimos en una cultura donde solamente se valora a quien produce mucho.

También los medicamentos son grandes causantes de estrés, debido, nuevamente, a ideas preconcebidas y a historias de dependencia o efectos secundarios. Todo esto se conjuga en miedo general de alterar la psique o “perderse” a uno mismo.

Está bien mencionar la necesidad de ir a terapia pero no obligues a nadie a tomar este camino.

La mayoría del tiempo se necesita de un poco de tiempo para dar este paso.

“Solo céntrate en superar eso”
Las personas que no están deprimidas no presentan disminución de la energía física o psíquica, pero estos dos factores son muy comunes en pacientes con depresión.

Con la intención de poder ayudar quizás le digas al deprimido que se levante y haga algo para mejorar, como salir, viajar o intentar divertirse.

Aunque esta frase es comprensible, para quien padece depresión es un factor que aumenta más la desesperanza. El deprimido es el primero que quiere superar esa sensación, por no sabe cómo.

Su estado de humor, pensamientos y comportamientos están más allá de su control, más aún si tiene depresión grave.

“No es tan malo, otras personas están en peores condiciones”
Nadie quiere compararse con niños hambrientos que viven en zonas de conflictos, ni con un portador con una enfermedad en etapa terminal. ¿Por qué obligas a la persona con depresión a pensar en ello? ¿En verdad crees que se sentirá mejor?

Quien padece depresión suele tener pensamientos que se tornan psicóticos y delirantes. Cuando insistes en poner como ejemplo las condiciones de vida de otra personas, el deprimido se siente peor.

Si bien tu intención es buena, no lograrás ayudarle de ninguna forma soltándole esta frase.

“Vas a estar mejor mañana”
Esta condición no es algo que mejore de la noche a la mañana. Esta falsa expectativa desanima más a quien padece depresión. Solo quien ya vivió un episodio depresivo sabe realmente cuán profundo es el dolor, el sufrimiento y la falta de esperanza.

Con un abordaje médico adecuado, será posible vencer este estado depresivo, pero lleva tu tiempo. Decir esta clase de frases solo hace sentir más incómodo e incapaz a la persona con depresión.

“Es culpa tuya”
Emitimos juicios todo el tiempo, algo que es un error grave, porque nos basamos únicamente en el juicio de valores personales, en falta de informaciones y en desconocimiento del tema.

Desde tiempos primitivos el ser humano se ha visto influido a relacionar la depresión con el pecado.

Esta condición sería un castigo por el hombre haber infringido alguna ley de los “dioses”. Todavía podemos ver a personas que, al hablar de procesos depresivos, hacen alusión a cuestiones relacionadas con pecados y castigos.

Esta actitud tiene consecuencias dramáticas, pues empeora el estado de quien padece depresión.

“No seas tan negativo”
Es difícil estar cerca de alguien con depresión. Su baja energía y humor sombrío te pueden “contaminar”, por lo que las personas instintivamente se apartan. En ocasiones llegamos al punto de expresar abiertamente la ansiedad que el deprimido causa.

Sí, sabemos que quizás su humor no te ayuda. No obstante, decir esto a quien padece depresión lo hace sentir muy solo y aumenta sus emociones negativas.

La mejor manera de ayudar es ser solidario y prestar todo el apoyo que se pueda para buscar los recursos adecuados para enfrentar su problema.

No, la depresión no es meramente psicológica y no tiene un tiempo de cura determinado. No tiene siquiera por qué tener un motivo exacto.

Al final, la depresión es dejar de ver sentido a la vida debido a millones de factores diferentes, como problemas familiares, muertes de personas queridas o fallos profesionales, entre otros.

A pesar de todo, sin excepción, la depresión significa enfrentarse a una lucha diaria para sobrevivir.

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Cómo consolar a quien ha perdido un ser querido

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Silencio empático: uno de los pasos más importantes, si se está en presencia de alguien que acaba de enterarse de que su ser querido ha fallecido es el silencio empático, el cual consiste en acompañar a la persona en su dolor, demostrando que se está con ella. Los Psiquiatras aconsejan no tratar de ofrecer explicaciones o justificaciones a los sucesos de la vida o la muerte. Por el contrario recomiendan guardar silencio, y dejar que la persona se desahogue. Esta técnica es pertinente sobre todo si se comparte el duelo por la persona querida con quien se trata de consolar, pues este tipo de explicaciones pueden llevar a perder la fortaleza a quien trata de servir de apoyo.

Contacto físico: así mismo, los especialistas en comportamientos y emociones humanas aconsejan usar el contacto físico como método de consuelo más que las palabras, pues en este tipo de momentos nada de lo que se diga podrá reparar o atenuar el dolor por el ser fallecido. De esta forma la persona que sufre el duelo sólo puede ser reconfortada por la compañía de otros amigos y familiares, que lo hagan recordar que no está solo en su dolor. Así, los especialistas aconsejan optar por el abrazo sentido, o la caricia en la espalda, acompañado del silencio empático, siempre y cuando la persona a consolar no rechace el contacto físico.

Evitar frases hechas: igualmente los expertos aconsejan evitar el uso de lugares comunes, que lejos de hacer parecer sincero el sentimiento de quien lo pronuncia, de nada sirven para dar consuelo. En este sentido, frases como “ya saldrás de este dolor” o “tienes que ser fuerte” están vetadas por los psiquiatras a la hora de pensar en consolar a alguien que pasa por un momento de duelo. De la misma manera, deben evitarse frases como “no somos nada” para referirse al suceso de la muerte en sí.

Evitar animar: en ocasiones las personas que intentan consolar a alguien que pasa por una emoción de duelo optan por la estrategia de tratar de animar a la persona recordándole que tiene toda una vida a sus pies, llena de felicidad, hijos, pareja, profesión. No obstante, los expertos también apuntan a que ésta es una estrategia equívoca pues la persona está concentrado en su sensación de dolor, y frente al intento reiterativo por animarlo puede llegar a sentir que no está siendo comprendido, lo que puede ocasionar incluso un alejamiento o rechazo de esta persona hacia quienes pretenden consolarlo.

Ayuda, pero concreta: en momentos de intenso dolor, la persona que lo sufre –aun cuando esté atravesando una experiencia terrible- no deja de tener responsabilidades, incluso una vez pasado el momento del entierro o cremación, el deudo regresa a su cotidianidad aunque no esté emocionalmente preparado para afrontarla. En tal sentido, los expertos aconsejan, si se está en disposición, ofrecer ayuda concreta, es decir, llegar con una propuesta, evitando frases ambiguas como “me avisas si necesitas algo”. Así mismo se aconseja que una buena forma de ayudar los días siguientes a una familia que atraviesa una pérdida es llevar comida hecha a la casa, a fin de evitarles sacar fuerzas para afrontar su realidad, mientras se adaptan a ella.

Disponibilidad: esta es otra de las cualidades más importante que debe tener alguien que desea servir de consuelo a alguien que ha perdido a un ser querido. En este punto, los especialistas del comportamiento recuerdan que el duelo tiene varias etapas y sentimientos, y no se desarrolla de la misma manera en todos los seres humanos, por lo que se debe estar disponible todos los días y horas de esos días, para el momento en que la persona de vive un duelo decida abrir su corazón para hablar de sus sentimientos y emociones.

Acompañar: básicamente, lo único que se puede hacer mientras un amigo o compañero vive una etapa de duelo es acompañarlo, no obstante esta compañía debe tener ciertas características, en primer lugar debe ser una compañía empática, que respete el dolor del otro, sin tratar de evadirlo, ignorarlo o menospreciarlo, así como tampoco se debe insistir en que desaparezca o se supere. Igualmente, el uso de “nosotros” para hablar de la pérdida hará que el deudo se sienta más acompañado.

Buscar ayuda: por último, aunque cada persona tiene sus ritmos y tiempos, lo expertos recuerdan que la sensación de duelo abarca aproximadamente dos semanas y media, mientras que la persona entiende racionalmente que su ser querido se ha ido. Sin embargo, no todos logran superar esta situación por sí solos, requiriendo en ocasiones ayuda profesional de un orientador, que lo ayude a reencontrarse con sus emociones o simplemente aceptar la circunstancia vital por la que pasa. En este sentido, una forma de ayudar a alguien que atraviesa por el duelo es vigilar de cerca la extensión de la emoción del duelo, sabiendo que una tristeza de más de quince días requiere intervención, pues podría generar en una depresión profunda.

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