5 trucos para tener éxito

Nuestra vida es una constante búsqueda de la felicidad. En muchas ocasiones, pensamos que el único camino para llegar a ella es el de llevar una vida llena de éxitos y reconocimientos y esto supone un verdadero error. Es importante cambiar el sentido de esta idea y darle la vuelta: primero hay que ser feliz, los éxitos son consecuencia de mi felicidad. Un profesor de la Universidad de Harvard ofrece 5 divertidos trucos para tener éxito.

Una persona que centra su atención únicamente en cómo triunfar, buscar reconocimiento o competir vivirá siempre estresada y la vida se le hará un camino cuesta arriba.

El ser una persona optimista, positiva y alegre, cuyo objetivo es hacer feliz a los demás hace que esté mucho más encaminada a conseguir éxito y buenos resultados. Así lo han demostrado varios especialistas. Es el caso de Shawn Accor, experto de la Universidad de Harvard que ha consagrado su investigación al estudio de la felicidad y a demostrar la relación que existe entre ser feliz y tener éxito en la vida. Según este experto, la clave del éxito consiste en practicar pequeños hábitos en el día a día que nos encaminen a alcanzar unos mayores niveles de felicidad, como hacer una lista agradeciendo todas las cosas buenas que nos suceden, meditar y reflexionar o hacer ejercicio con regularidad.

De esta forma, Shawn Accor propone cinco trucos sencillos y divertidos para conseguir éxito:

1. El éxito no da la felicidad. La felicidad trae el éxito

Tendemos a perseguir el éxito pensando que si lo conseguimos seremos felices. Por ello, es frecuente que pensemos: “Seré feliz cuando me gradúe o cuando me suban el sueldo”. Accor ha demostrado en sus estudios que esto no es así. Una vez que se ha alcanzado una meta se permanece feliz por un breve periodo de tiempo, pero inmediatamente después se fija el objetivo en conseguir otra cosa. Shawn evidenció que si una persona se esfuerza en aumentar su nivel de felicidad y optimismo sus tasas de éxitos se elevan drásticamente si se compara con el éxito conseguido por una persona negativa, estresada o preocupada.

2. Afrontar los problemas como desafíos y no como amenazas

Shawn insiste en que esta es una actitud que se puede aprender y así lo demostró en un experimentó que él mismo realizó. Hizo un estudio a un grupo de banqueros justo después de una enorme crisis bancaria. Muchos de ellos estaban estresados, pero unos pocos se mantenían firmes y felices. La diferencia entre un grupo y otro es que unos veían los problemas como amenazas y los otros como retos a superar. Shawn puso un video que reflejaba la importancia de enfrentarse al estrés como un desafío y a las pocas semanas comprobó que estos banqueros tristes y desmotivados habían mejorado en un 23% sus niveles de felicidad y compromiso de trabajo.

3. Tener el doble de trabajo significa que necesitas el doble de amigos

Ante situaciones de estrés es importante apoyarse en aquellos que nos rodean. Para alcanzar el éxito es imprescindible ofrecer apoyo y ayuda a los demás. Vivir con una actitud competitiva no favorece el estrés y tensión. Está demostrado que las personas que ayudan a los demás consiguen algunos de los mayores éxitos y beneficios. Las personas que sobreviven mejor al estrés son los que aumentan sus inversiones sociales en medio de la tensión.

4. Envía un e-mail de agradecimiento cada mañana

Es un error pensar que la felicidad va a venir únicamente de los grandes logros. Las investigaciones demuestran que la felicidad se encuentra en los pequeños detalles. Shawn propone la práctica de sencillos hábitos y que apenas requieren tiempo, como es el escribir un e-mail o un mensaje de texto dando las gracias. Solo te quitará dos minutos de tu tiempo y es un hábito muy sencillo que te ayudará a sentirte mejor y más feliz. Shawn señala que: “la cosa más simple que puede hacerse es un elogio por correo electrónico de dos minutos dando las gracias a una persona que conoces”. Este experimentó fue provado en varias empresas de EEUU. Los trabajadores tenían que escribir durante 21 días seguidos a una persona diferente. El resultado fue que aumentó drásticamente la conexión social, que es el mayor predictor de la felicidad.

5. La regla de los “20 segundos”

Se trata de practicar una acción, que apenas requiere 20 segundos de duración, para abandonar un hábito negativo o para comenzar a practicar un positivo. Por ejemplo, si veo demasiada televisión, con el mero hecho de sacar las pilas del mando a distancia, acción que no crea un retraso de más de 20 segundos, se disminuye drásticamente la cantidad de televisión consumida. El propio Shawn practicaba mucho más deporte si dormía con la ropa del gimnasio puesta y colocaba las zapatillas junto a la cama. Si se reduce la cantidad de energía de activación necesaria, las cosas difíciles se vuelven fáciles. El adquirir un hábito es solo cuestión de empezar.

María Redondo

hacerfamilia.com

La empatía, ¿un don o una habilidad?

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¿Reconocemos los sentimientos de las demás personas? ¿Comprendemos por qué los demás se sienten como se sienten? La empatía es la habilidad de sentir con los demás, de experimentar las emociones de los otros como si fuesen propias. La empatía es ¿un don o una habilidad? Es una cualidad, un valor educativo, que podemos desarrollar desde la infancia y potenciar en nuestras relaciones personales.

¿Cuántas veces hemos estado preocupados o angustiados por algo y nos hemos encontrado con alguien que simplemente con una mirada, con un gesto o una palabra oportuna, ha hecho que nos sintamos mejor? En este caso, la capacidad empática de esta persona es la que ha contribuido a nuestra mejoría.

¿Qué es la empatía, un don o una habilidad?

No es fácil encontrar una definición que describa detallada y exhaustivamente qué es la empatía. No obstante, podemos distinguir tres cualidades notorias que identifican la empatía y que es preciso tener en cuenta a la hora de entenderla:
–   La capacidad para comprender a los demás, ponerse en el lugar del otro.
–   Ser capaz de reproducir un estado afectivo que sintonice con el que sienten los demás.
–   Ejecutar las conductas apropiadas para solucionar el problema de la otra persona.

No es necesario pasar por las mismas vivencias y experiencias para entender mejor a los que nos rodean, sino ser capaces de captar los mensajes verbales y no verbales que la otra persona nos quiere transmitir, y hacer que se sienta comprendida de manera única y especial.

La empatía, educar en valores

La empatía se da en todas las personas en mayor o menor grado. La empatía no sólo es un don especial con el que nacemos, sino que es una cualidad que podemos desarrollar y potenciar. Por ejemplo, fomentando actitudes como: escuchar con la mente abierta y sin prejuicios; prestar atención y mostrar interés por lo que nos están contando; no interrumpir mientras nos están hablando y evitar convertirnos en expertos que se dedican a dar consejos en lugar de intentar sentir lo que el otro siente.

Formas de expresar empatía

1. Hacer preguntas abiertas. Preguntas que ayudan a continuar la conversación y le hacen ver a la otra persona, un amigo por ejemplo, que estamos interesados por lo que nos está contando.

2. Intentar avanzar lentamente en el diálogo, de esta forma estamos ayudando a la otra persona a que tome perspectiva de lo que le ocurre, dejamos que los pensamientos y sentimientos vayan al unísono y nos da tiempo de asimilar y reflexionar sobre el tema.

3. Esperar a tener información suficiente, antes de dar nuestra opinión, es decir, cerciorarnos de que la otra persona nos ha contado todo lo que quería y de que nosotros hemos escuchado e interpretado correctamente lo esencial de su mensaje. En ocasiones, los otros no necesitan nuestra opinión y consejo, sino saber que los estamos entendiendo y sintiendo lo que ellos nos quieren transmitir.

Cuando tengamos que dar nuestra opinión sobre lo que nos están contando es muy importante hacerlo de forma constructiva, ser sinceros y procurar no herir con nuestros comentarios. Para esto hay que ser respetuoso con los sentimientos y pensamientos de la otra persona y aceptar abiertamente lo que nos está contando.

Barreras a la empatía

Existen una serie de barreras que suelen impedir este acercamiento. Entre los errores que solemos cometer con más frecuencia a la hora de relacionarnos con los demás están:

–   La tendencia a quitarle importancia a lo que le preocupa al otro e intentar ridiculizar sus sentimientos.
–   Escuchar con prejuicios y dejar que nuestras ideas y creencias influyan a la hora de interpretar lo que les ocurre.
–   Juzgar y acudir a frases del tipo “lo que has hecho está mal”, “de esta forma no vas a conseguir nada”, “nunca haces algo bien”…
–   Ponerse como ejemplo por haber pasado por las mismas experiencias.
–   Intentar animar sin más, con frases como “ánimo en esta vida todo se supera”.
–   Dar la razón y seguir la corriente…

Todo esto, lo único que hace es bloquear la comunicación e impedir que se produzca una buena relación empática.

Ventajas e inconvenientes de la empatía

1.  Ser una persona altamente empática puede tener sus desventajas, pues estas personas son muy conscientes de todo un complejo universo de información emocional, a veces dolorosa e intolerable, que otros no perciben.
2.  Los jóvenes que tienen empatía están mucho más adaptados a las sutiles señales sociales que indican lo que otros necesitan o quieren. Esto los hace mejores en determinadas profesiones que supongan una relación social.
3.  Las personas que están excesivamente pendientes de sí mismas tienen más dificultades para pensar en los demás y ponerse en su lugar.
4.  Las personas que desarrollan poco esta habilidad suelen tener problemas pues despiertan fácilmente la incomodidad de los demás. Y precisamente por su incapacidad para reconocer los sentimientos ajenos, no logran entender bien por qué los otros se molestan.
5.  La empatía es una capacidad decisiva para la vida, pues afecta a un gran espectro de necesidades vitales: la buena marcha de una relación, hacer equipo, ejercer la autoridad, tener amigos, en fin, para casi todo.
6.  Ser empáticos no significa estar de acuerdo con el otro, ni tampoco implica dejar de lado nuestras propias decisiones para asumir las ajenas. Es decir, podemos estar en completo desacuerdo con alguien, pero debemos tratar de respetar su posición; y, sobre todo, por encima de las ideas respetamos a la persona y nos interesamos por sus problemas.

Teresa Pereda

http://www.hacerfamilia.com/

 

La empatía

El valor de la empatía nos ayuda a recuperar el interés por las personas que nos rodean y a consolidar la relación que con cada una de ellas tenemos.

Cada vez que nos acercamos a las personas esperamos atención y comprensión, dando por hecho que seremos tratados con delicadeza y respeto. Pero, ¿cuántas veces procuramos tratar a los demás de la misma forma?

Debemos reconocer que en medio de nuestras prisas y preocupaciones nos volvemos egoístas y olvidamos que los demás también tienen algo importante que comunicarnos. El valor de la empatía nos ayuda a recuperar el interés por las personas que nos rodean y a consolidar la relación que con cada una de ellas tenemos.

La empatía es el esfuerzo que realizamos para reconocer y comprender los sentimientos y actitudes de las personas, así como las circunstancias que los afectan en un momento determinado.

Es muy común escuchar que la empatía es la tendencia o actitud que tenemos para ponernos en el lugar de los demás e identificarnos plenamente con sus sentimientos. Sin embargo, esto tiene el riesgo de dejar a la empatía en un nivel meramente emocional: “si siento lo mismo que el otro, entonces hay verdadera empatía”.

La realidad es que la empatía no es el producto del buen humor con que despertamos, como tampoco del afecto que nos une a las personas. Si esta combinación fuera común, siempre estaríamos disponibles para escuchar a los demás y dejaríamos momentáneamente nuestras ocupaciones, pensamientos y preocupaciones para atender a quienes nos rodean.

Desgraciadamente las circunstancias pocas veces son tan favorables, por eso la empatía es un valor que se vive habitualmente, totalmente independiente de nuestro estado de ánimo y disposición interior.

La empatía se facilita en la medida que conocemos a las personas, la relación frecuente nos facilita descubrir los motivos de enojo, alegría o desánimo de nuestros allegados y su consecuente modo de actuar. Esto se manifiesta claramente entre padres e hijos, en las parejas y con los amigos donde la relación es muy estrecha, quienes parecen haber adquirido el “poder de adivinar” que sucede antes de haber escuchado una palabra, teniendo siempre a la mano la respuesta y el consejo adecuados para la ocasión.

Aún así, este valor debe superar ciertos obstáculos: el cansancio, el mal humor, el dolor de cabeza y las preocupaciones propias del trabajo y el estudio. En casa se nota cuando los padres prestan poca atención a los “pequeños” problemas o alegrías de sus hijos, con su actitud -y muchas veces sin querer- procuran evadir esa molestia e inoportunidad para encerrarse en sí mismos; en la pareja cuando alguno da monosílabos, gestos o sonidos guturales como respuesta; cuando tenemos tantos problemas, y lo que menos deseamos es escuchar lo bien o lo mal que les sucede a los demás.

El problema es dejarnos llevar por nuestro estado de ánimo y obstinarnos en permanecer en nuestro mundo, damos a todo lo que ocupa nuestra mente la máxima importancia, comportándonos indiferentes y poco amables; queremos ser entendidos sin antes intentar comprender a los demás. Por tanto, la empatía implica generosidad y genuina comprensión: para olvidarnos de nosotros mismos y hacer el esfuerzo por considerar los asuntos y sentimientos que los demás quieren participarnos.

Este esfuerzo es mayor cuando ante nosotros está el empleado, el alumno, el vecino, la empleada doméstica o el vecino, pues sin darnos cuenta, podemos limitar nuestra atención e interés, o peor aún, menospreciarlos por considerarlos en una posición inferior. Debemos ser enérgicos y afirmar que la empatía como valor -y al igual que todos los valores- no hace diferencias entre personas, es una actitud propia de la personalidad, siempre abierta y dispuesta a las necesidades de los demás.

La empatía nos da un sin fin de posibilidades, primero hacia nuestros semejantes, quienes buscan con quien compartir y confiar sus problemas, alegrías, triunfos y fracasos, ser escuchados y comprendidos. De esta forma tenemos la inmejorable oportunidad de procurar el bienestar, desarrollo y perfeccionamiento de las personas, lo cual manifiesta el profundo respeto que les debemos.

Para nosotros, la empatía nos permite conocer y comprender mejor a las personas, a través del trato cotidiano, estamos en condiciones de mejorar en familia, obteniendo una mayor colaboración y entendimiento entre todos; con la pareja la relación es cada vez más estable y alegre; con los amigos garantiza una amistad duradera; con los conocidos abre la posibilidad a nuevas amistades; en la empresa ayuda a conseguir una mayor productividad al interesarnos por los empleados y compañeros; en la escuela se obtiene un mejor rendimiento por la relación que se tiene con los alumnos y entre ellos mismos.

El valor de la empatía desarrolla en nosotros la capacidad de motivar y encauzar positivamente a las personas; enseñar a tener ese interés por los demás y vivirlo habitualmente, es la mejor forma de transmitir empatía e identificarnos plenamente con los demás, cambiando radicalmente el entorno social en el que vivimos.

Vivir el valor de la empatía es algo sencillo si nos detenemos a pensar un poco en los demás y en consecuencia, aprenderemos a actuar favorablemente en todas las circunstancias. Por eso, debemos estar pendientes y cuidar los pequeños detalles que reafirmarán este valor en nuestra persona:

– Procura sonreír siempre, esto genera un ambiente de confianza y cordialidad. La serenidad que se manifiesta desarma hasta el más exaltado.

– Primeramente considera como importantes los asuntos de los demás y después los propios. Después de haber escuchado, la persona que se ha acercado a ti seguramente tendrá la capacidad de entender tu situación y estado de ánimo, por lo cual estará dispuesta ayudarte.

– No hagas un juicio prematuro de las personas porque te hace cambiar tu disposición interior (no pienses: “ya llego este molesto”, “otra vez con lo mismo”, “no me deja en paz”, “otra interrupción”) Si alguien se acerca a ti, es porque necesita con quien hablar… No los defraudes.

– Si no tienes tiempo o es un mal momento, exprésalo con cortesía y delicadeza -que también es empatía- y las personas se sentirán igualmente atendidas. Importante: no dejes pasar mucho tiempo para charlar con la persona.

– Evita demostrar prisa, aburrimiento, cansancio, dar respuestas tajantes u distraerte en otras cosas; además de ser una falta de respeto, logras autodominio y demuestras interés por las personas. Aprende a escuchar.

– No olvides infundir ánimo con palabras, una palmada en el hombro o un gesto amable, sobre todo si la persona tiene problemas.

Podemos concluir que la empatía es un valor indispensable en todos los aspectos de nuestra vida, sin él, sería muy difícil enriquecer las relaciones interpersonales; quien se preocupa por vivir este valor, cultiva simultáneamente entre otros: confianza, amistad, comprensión, generosidad, respeto y comunicación.

El ritmo de vida actual nos brinda pocas oportunidades de servir a los demás, de conocerlos y de tratarlos como es debido, la empatía se convierte en esa pieza fundamental que nos enriquece y nos identifica mejor como seres humanos.

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