Sexualidad y género

Prefacio
Este informe va dirigido al público en general, pero apunta especialmente a los profesionales relacionados con la salud mental con el objetivo de llamar su atención (y aportar cierta perspectiva científica) sobre los problemas en ese campo que padecen las poblaciones LGBT.

Su origen es una petición del Dr. Paul R. McHugh, exdirector de psiquiatría del Hospital Johns Hopkins y uno de los psiquiatras más prestigiosos a nivel mundial. El Dr. McHugh me solicitó que revisara una monografía que él y sus colegas habían elaborado sobre temas relacionados con la orientación y la identidad sexual; mi misión inicial era garantizar la exactitud de las inferencias estadísticas y revisar fuentes adicionales. En los meses posteriores leí en profundidad más de quinientos artículos científicos sobre la materia y consulté detenidamente varios cientos más, para descubrir alarmado que la comunidad LGBT padece una tasa desproporcionada de problemas relacionados con la salud mental, en comparación con la población general.

A medida que crecía mi interés seguí avanzando en el análisis de estudios procedentes de los más diversos campos científicos, como la epidemiología, la genética, la endocrinología, la psiquiatría, la neurociencia, la embriología y la pediatría. Asimismo, revisé muchos de los estudios académicos empíricos llevados a cabo en el ámbito de las ciencias sociales, como la
psicología, la sociología, las ciencias políticas, la economía y los estudios de género.

Acepté la responsabilidad, como autor principal, de reescribir, reorganizar y ampliar el documento, y debo señalar que apoyo cada una de las frases del presente informe sin ningún tipo de reserva o prejuicio por cuestiones políticas o filosóficas. Este informe trata de ciencia y medicina, ni más ni menos.

Resumen

Algunos hallazgos fundamentales:

Primera Parte: Orientación sexual
a) Las pruebas científicas no respaldan la visión de que la orientación sexual es una propiedad innata y biológicamente fija del ser humano (la idea de que los individuos “nacen así”).

b) Si bien hay pruebas de que los factores biológicos, como los genes y las hormonas, están asociados a la conducta y a la atracción sexual, no existen explicaciones convincentes de que la orientación sexual en los seres humanos tenga una causalidad biológica determinista. Aunque los científicos han detectado ciertas diferencias menores en la estructura y la actividad cerebral de sujetos homosexuales y heterosexuales, esos descubrimientos neurobiológicos no aclaran si son innatas o fruto de factores ambientales y psicológicos. No aclaran si son causa o efecto de conductas humanas.

c) Los estudios longitudinales en adolescentes apuntan a que la orientación sexual en lgunas personas podría ser bastante flexible a lo largo de la vida. En este sentido, en un estudio se estimaba que hasta un 80% de los adolescentes del sexo masculino que indican una atracción hacia el mismo sexo dejan de sentirla al alcanzar la edad adulta (no obstante, algunos investigadores cuestionan hasta qué punto esa cifra
refleja realmente los cambios en la atracción hacia el mismo sexo o es consecuencia de defectos metodológicos de la encuesta).

d) Se encuentran antecedentes de haber sufrido abusos sexuales dos o tres veces más frecuentemente en personas que no son heterosexuales en comparaciones con
personas heterosexuales.

Segunda Parte: Sexualidad, indicadores de salud mental y estrés social
a) En comparación con la población general, las subpoblaciones no heterosexuales tienen un riesgo más elevado de padecer diversos problemas de salud general y salud mental.

b) Se estima que los miembros de la población no heterosexual tienen 1,5 veces más riesgo de trastornos de ansiedad que los miembros de la población heterosexual, así como aproximadamente el doble de riesgo de depresión, 1,5 veces más riesgo de abuso de sustancias y casi 2,5 veces más riesgo de suicidio.

c) Los miembros de la población transgénero también presentan un mayor riesgo de sufrir diversos problemas de salud mental en comparación con los miembros de la población no transgénero. Resulta especialmente alarmante que en el colectivo transgénero, la tasa de intentos de suicidio a lo largo de la vida y para todas las edades se estime en un 41%, mientras que es menos de un 5% para la población general de los Estados Unidos.

d) Hay pruebas, si bien limitadas, de que diversos factores de estrés social como la discriminación y la estigmatización, contribuyen a elevar el riesgo de problemas de salud mental de las poblaciones no heterosexual y transgénero. Es necesario llevar a cabo más estudios longitudinales de calidad para que el “modelo de estrés social” sea una herramienta útil para entender esos problemas de salud pública. Sin
embargo, las diferencias antes descritas se encuentran incluso en entornos sociales donde no existe un ambiente de discriminación contra estas personas.

Tercera parte: Identidad de género
a) Los estudios científicos no corroboran la hipótesis de que la identidad de género sea una propiedad innata y fija del ser humano e independiente del sexo biológico, es decir, que una persona sea “un hombre atrapado en un cuerpo de mujer” o “una mujer atrapada en un cuerpo de hombre,” como si hubiera un error en su cuerpo y sus órganos genitales.

b) De acuerdo con una reciente estimación, aproximadamente el 0,6% de la población adulta estadounidense se identifica con un género que no se corresponde a su sexo biológico.

c) Los estudios comparativos de la estructura cerebral de personas transgénero y no transgénero han demostrado la existencia de correlaciones débiles entre la estructura cerebral y la identificación transgénero. Esas correlaciones no constituyen una prueba de que la identificación transgénero tenga una base neurobiológica.

d) En comparación con la población general, los adultos sometidos a cirugía de reasignación de sexo siguen experimentando un mayor riesgo de problemas de salud mental. En un estudio se observó que, en comparación con los grupos control, los individuos con reasignación de sexo tenían aproximadamente 5 veces más probabilidades de intentar suicidarse y 19 veces más de morir por suicidio.

d) Los niños son un caso especial al abordar las cuestiones transgénero. Solo una pequeña minoría de los que manifiestan una “identificación de género cruzada” durante la niñez siguen haciéndolo en la adolescencia y la edad adulta.

e) Son escasos los estudios científicos que avalen el valor terapéutico de los tratamientos para retrasar la pubertad o modificar las características sexuales secundarias en adolescentes, aunque algunos niños puedan mostrar un mayor bienestar psicológico si son apoyados y animados en su identificación de género cruzada. No existen pruebas de que a todos los niños con pensamientos o conductas de género atípicas haya que animarlos a convertirse en transgénero.

Sexualidad y género
Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales
Lawrence S. Mayer, M.B., M.S., Ph.D. y Paul R. McHugh, M.D.
The New Atlantis 2016
Texto Completo: sexualidad y género
Texto original inglés completo: http://www.thenewatlantis.com/sexualityandgender

Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios

Preocupa enormemente a los padres cuando sus hijos adolescentes o jóvenes toman una postura negativa ante Dios, teniendo en cuenta que en el hogar se les transmitieron los valores religiosos y años después, cuando alcanzan un poco de autonomía, libertad y razón, han decidido rechazar todo lo que represente Dios.

Cuando esta situación se presenta en las familias, algunos padres pueden reaccionar de manera coercitiva obligando al hijo a asistir a Misa o a las diferentes celebraciones religiosas. Otros padres optarán por dejarlo que se aparte y que él mismo vuelva a encontrase con Dios.

Partiendo de la base que no es fácil esta dificultad con los hijos, lo importante es obrar de una manera adecuada para impedir que ese alejamiento se aumente, pues muchas veces la sola reacción de los padres es la que hace que los chicos se aparten aún más.

Antes de explicar qué hacer cuando sucede esta problemática, debemos analizar previamente algunos factores determinantes:

La fe tiene varias etapas
La fe también tiene un ciclo natural en la vida del ser humano. Así como explicaba el Padre Calixto en su artículo para el periódico El Colombiano: “Nuestra vivencia religiosa discurre por cuatro etapas: Aquella fe de la primera Comunión. Una segunda que vivimos durante la adolescencia, llena de incertidumbres y altibajos. Otra más, que se esfuma y puede morir en nuestra edad adulta. Y quizás una cuarta: Fe recobrada, cuando ayudamos a los hijos en sus tareas de religión”.

Rebeldía, característica propia de los adolescentes
En esta etapa de la vida, los seres humanos atraviesan una etapa de inconformismo y un querer cambiar el statu quo. Muchas veces, ni siquiera saben contra qué se están rebelando, pero es esa búsqueda de identidad que ronda en sus mentes, la que los impulsa a desestabilizar todo lo que los rodea, incluso sus padres. Hay casos en que ni siquiera se rebelan ante Dios, sino ante sus propios papás, los cuales se convierten para ellos en una amenaza constante durante la adolescencia.

Si entendemos este contexto, podemos darnos cuenta de que la raíz del problema es otro y no necesariamente tiene que ser Dios.

Malas influencias
Una persona cercana a nuestro hijo, puede estar haciendo las veces de cuestionador de la fe. No nos olvidemos que durante la adolescencia y/o juventud los amigos son las personas más influyentes en nuestros hijos. Y una mala amistad puede hacer mucho daño. Cuando veamos cierto rechazo de nuestro hijo hacia la religión, comencemos a indagar sobre sus amistades, conozcámoslos, invitémoslos a casa y ojalá tengamos algún contacto con sus familias.

Si confirma que este es el problema, ni se le ocurra prohibir esta amistad, lo único que logrará será sentar una guerra con su hijo. Tendrá que usar otras tácticas más sutiles que lo alejen de esa inconveniente persona.

El control extremo
Ya no son niños y eso debe quedar muy claro. Ellos han crecido y son personas que pueden razonar, elegir y tienen poder de decisión, aunque todavía sean inmaduros. Cuando ejercemos un control extremo sobre los hijos, se nos puede devolver en nuestra contra. A estas edades, se supone que hemos educado en valores y confiamos en la educación que le hemos infundido a lo largo de estos años. Por tanto, no es recomendable obligarlos ni imponerles la religión, pues terminarán objetándola.

¿Qué hacer entonces?
Acompañarlos, nunca dejarlos solos
No nos engañemos, cuando nosotros mismos pasamos por la etapa adolescente también pudimos haber sentido desasosiego y algo de rebeldía. Así que hagamos un esfuerzo por comprender al hijo y acompañarlo en este proceso.

Nada de reproches y regaños
Aunque sabemos que nuestro hijo está equivocado, no es motivo para hacerle reproches o comentarios que lo hagan sentir mal. Este tema no se debe convertir en un tormento ni un espacio de “cantaleta” y regaños. Por el contario, el diálogo ameno y positivo le dará mejores resultados.

Nuestro ejemplo y coherencia
No hay mejor educador que el ejemplo. Debemos ser coherentes con la Palabra de Dios y hacer que nuestras obras sean acordes a lo que profesamos. Si los hijos ven que tratamos bien a las personas, somos honestos, respetuosos, responsables, pacientes, caritativos, amorosos, ellos captarán el mensaje y terminarán aceptando los beneficios de tener a Dios en la vida.

Hablarles positivamente de Dios, como un amigo, no como un castigador
Debemos transmitirles a los hijos la enseñanza de Dios de forma positiva, pues el Señor nos quiere a todos y perdona nuestras fallas. Presentémosle a Jesús como su amigo, su compañía, su protector.

Rezar por nuestros hijos
Por último, lo mejor que podemos hacer, es rezar por nuestros hijos, encomendárselos a la Virgen María para que vuelvan y se acerquen de nuevo al Señor.

http://lafamilia.info/educar-en-la-fe/que-hacer-cuando-los-hijos-se-alejan-de-dios

No premies las obligaciones. ¡Valóralas!

No le premies por cumplir con sus obligaciones. En lugar de premiarlas (con dinero, con regalos, con algo a cambio…), valóraselas.

¿Cómo se valoran?

Descríbele con precisión la tarea que ha hecho bien, las dificultades con las que se ha encontrado y cómo las ha superado. Y lo que eso significa para ti. Pregúntale siempre cómo se siente después de haberlas realizado. Incluso cuándo las hace mal. Entonces con el mismo criterio valora su esfuerzo y trata con él de buscar una solución.

Has limpiado la mesa con mucho detalle. No te has dejado ni una mancha. He visto que has tenido que repasarla varias veces porque había manchas resecas desde ayer. Te agradezco mucho que te hayas esforzado tanto para hacer un trabajo de calidad. Me has ayudado mucho, gracias! ¿Cómo te sientes tú?

Hazle sentir orgulloso de sus logros porque esa será su verdadera gratificación: la motivación intrínseca. Conseguirás que trabaje encontrando en su trabajo un sentido y desarrollando en él una actitud de autoresponsabilidad.

Premia lo que no es una obligación o lo que es nuevo y supone un desafío. Un reto difícil necesita, en algunas ocasiones y solo al principio, de una motivación extrínseca.

No lo acostumbres a esperar nada a cambio por cumplir con sus obligaciones. Se han de cumplir porque hacerlo permite a la familia convivir en armonía y porque hacer un trabajo de calidad conlleva una satisfacción interna. Enséñale a que sepa verlo y valorarlo.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos
http://www.solohijos.com/web/no-premies-las-obligaciones-valoralas/

Vídeos de empatía en educación

nuestros sueños cambian ante el dolor ajeno

los premios materiales sirven para amaestrar animales, no para educar personas

dar valor a cada alumno

evitar la sobreprotección

fomentar la creatividad

todos los estudiantes son distintos

para educar líderes

transmitir emociones

el buen profesor

el buen profesor fomenta la curiosidad

para convertir hijos en delincuentes

la importancia de concentrarse