Índice

1) Empatía en general
Vídeos de empatía en general
Vídeos de virtudes complementarias a la empatía
Frases sobre la empatía
5 trucos para tener éxito
La empatía, ¿un don o una habilidad?
La empatía
12 consejos para convencer
6 maneras de agradar a los demás
100 Reglas de sentido común para los líderes
6 frases que no debes decir nunca a nadie
La empatía: cinco consejos para desarrollarla
Una vida en diálogo con los demás
Empatía, sentir con los demás
La sonrisa y la alegría
La empatía y las otras virtudes

2) Empatía en la familia
Vídeos de empatía en la familia
¿Qué es un abuelo?
Algunos consejos para un hijo
13 consejos del Papa Francisco para un buen matrimonio en la Amoris Laetitia
La aventura del matrimonio
Vivir juntos antes de casarse: ¿qué tanto conviene este periodo de prueba?
Los 7 secretos de un amor duradero
Decálogo para novios
21 Reglas no negociables que cada matrimonio debe seguir
Convivir en familia: el arte de perdonar (Jutta Burggraf)
6 hábitos que debes mantener para tener una relación feliz
La vida a una carta
10 ideas para la familia
Empatía en el noviazgo
Una vida en diálogo con los demás
Empatía, sentir con los demás

3) Empatía en la educación de los hijos
Vídeos de empatía en la educación de los hijos
Algunos consejos para un hijo
Sexualidad y género
Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios
No premies las obligaciones de tus hijos, valóralas
Por qué el aburrimiento es bueno para tu hijo
Juegos de género
10 claves para educar
10 conductas de los padres que entorpecen la educación de los hijos
Decálogo para formar un delincuente

4) Empatía con los amigos
La clave para conectar con los demás
6 maneras de agradar a los demás
6 frases que no debes decir nunca a nadie
Una vida en diálogo con los demás
Empatía, sentir con los demás

5) Empatía en el trabajo
Vídeos de empatía en el trabajo
Algunos consejos para un hijo
Conecta con tus clientes a través de la empatía
Cómo comunicar bien
5 trucos para tener éxito
empatía al asistir a una conferencia
9 consejos para dirigir a otras personas con empatía
Consejos para triunfar en una entrevista de trabajo
100 Reglas de sentido común para los líderes
Una vida en diálogo con los demás
Empatía, sentir con los demás

6) Empatía con el dolor
Los 5 remedios contra la tristeza (Carlo de Marchi)
Entrevista al Papa Francisco
Cosas que no deberías decirle a quien padece depresión
Cómo consolar a quien ha perdido un ser querido

7) Empatía y Dios
Vídeos sobre la comunicación de la fe
Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios
Filiación divina e intimidad con Dios
7 enseñanzas del Papa Francisco sobre la comunicación de la fe
Oración: empatía con Dios
Cómo defender la fe (Catholic Voices)
La vida a una carta
Sólo semillas
Diez claves para la comunicación de la fe (Juan Manuel Mora)
Comunicar la fe (Jutta Burggraf)

Links interesantes
http://hacerfamilia.com/
http://lafamilia.info/
http://www.solohijos.com/
http://www.conectacec.com/
http://www.interaxiongroup.org/
http://www.interrogantes.net/
http://empatici.com/
http://www.psicologiaevitacristiana.com/

Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios

Preocupa enormemente a los padres cuando sus hijos adolescentes o jóvenes toman una postura negativa ante Dios, teniendo en cuenta que en el hogar se les transmitieron los valores religiosos y años después, cuando alcanzan un poco de autonomía, libertad y razón, han decidido rechazar todo lo que represente Dios.

Cuando esta situación se presenta en las familias, algunos padres pueden reaccionar de manera coercitiva obligando al hijo a asistir a Misa o a las diferentes celebraciones religiosas. Otros padres optarán por dejarlo que se aparte y que él mismo vuelva a encontrase con Dios.

Partiendo de la base que no es fácil esta dificultad con los hijos, lo importante es obrar de una manera adecuada para impedir que ese alejamiento se aumente, pues muchas veces la sola reacción de los padres es la que hace que los chicos se aparten aún más.

Antes de explicar qué hacer cuando sucede esta problemática, debemos analizar previamente algunos factores determinantes:

La fe tiene varias etapas
La fe también tiene un ciclo natural en la vida del ser humano. Así como explicaba el Padre Calixto en su artículo para el periódico El Colombiano: “Nuestra vivencia religiosa discurre por cuatro etapas: Aquella fe de la primera Comunión. Una segunda que vivimos durante la adolescencia, llena de incertidumbres y altibajos. Otra más, que se esfuma y puede morir en nuestra edad adulta. Y quizás una cuarta: Fe recobrada, cuando ayudamos a los hijos en sus tareas de religión”.

Rebeldía, característica propia de los adolescentes
En esta etapa de la vida, los seres humanos atraviesan una etapa de inconformismo y un querer cambiar el statu quo. Muchas veces, ni siquiera saben contra qué se están rebelando, pero es esa búsqueda de identidad que ronda en sus mentes, la que los impulsa a desestabilizar todo lo que los rodea, incluso sus padres. Hay casos en que ni siquiera se rebelan ante Dios, sino ante sus propios papás, los cuales se convierten para ellos en una amenaza constante durante la adolescencia.

Si entendemos este contexto, podemos darnos cuenta de que la raíz del problema es otro y no necesariamente tiene que ser Dios.

Malas influencias
Una persona cercana a nuestro hijo, puede estar haciendo las veces de cuestionador de la fe. No nos olvidemos que durante la adolescencia y/o juventud los amigos son las personas más influyentes en nuestros hijos. Y una mala amistad puede hacer mucho daño. Cuando veamos cierto rechazo de nuestro hijo hacia la religión, comencemos a indagar sobre sus amistades, conozcámoslos, invitémoslos a casa y ojalá tengamos algún contacto con sus familias.

Si confirma que este es el problema, ni se le ocurra prohibir esta amistad, lo único que logrará será sentar una guerra con su hijo. Tendrá que usar otras tácticas más sutiles que lo alejen de esa inconveniente persona.

El control extremo
Ya no son niños y eso debe quedar muy claro. Ellos han crecido y son personas que pueden razonar, elegir y tienen poder de decisión, aunque todavía sean inmaduros. Cuando ejercemos un control extremo sobre los hijos, se nos puede devolver en nuestra contra. A estas edades, se supone que hemos educado en valores y confiamos en la educación que le hemos infundido a lo largo de estos años. Por tanto, no es recomendable obligarlos ni imponerles la religión, pues terminarán objetándola.

¿Qué hacer entonces?
Acompañarlos, nunca dejarlos solos
No nos engañemos, cuando nosotros mismos pasamos por la etapa adolescente también pudimos haber sentido desasosiego y algo de rebeldía. Así que hagamos un esfuerzo por comprender al hijo y acompañarlo en este proceso.

Nada de reproches y regaños
Aunque sabemos que nuestro hijo está equivocado, no es motivo para hacerle reproches o comentarios que lo hagan sentir mal. Este tema no se debe convertir en un tormento ni un espacio de “cantaleta” y regaños. Por el contario, el diálogo ameno y positivo le dará mejores resultados.

Nuestro ejemplo y coherencia
No hay mejor educador que el ejemplo. Debemos ser coherentes con la Palabra de Dios y hacer que nuestras obras sean acordes a lo que profesamos. Si los hijos ven que tratamos bien a las personas, somos honestos, respetuosos, responsables, pacientes, caritativos, amorosos, ellos captarán el mensaje y terminarán aceptando los beneficios de tener a Dios en la vida.

Hablarles positivamente de Dios, como un amigo, no como un castigador
Debemos transmitirles a los hijos la enseñanza de Dios de forma positiva, pues el Señor nos quiere a todos y perdona nuestras fallas. Presentémosle a Jesús como su amigo, su compañía, su protector.

Rezar por nuestros hijos
Por último, lo mejor que podemos hacer, es rezar por nuestros hijos, encomendárselos a la Virgen María para que vuelvan y se acerquen de nuevo al Señor.

http://lafamilia.info/educar-en-la-fe/que-hacer-cuando-los-hijos-se-alejan-de-dios

Por qué el aburrimiento es bueno para tu hijo

aburrido
¡Mamá, me aburro!
Esta expresión te hace sentir en un aprieto, ¿verdad? La mayoría de nosotros nos sentimos responsables cuando escuchamos estas palabras a nuestros hijos y queremos solucionar su “problema” inmediatamente. Respondemos a su aburrimiento ofreciéndoles entretenimientos tecnológicos o actividades estructuradas. Pero esto, en realidad, es contraproducente. Los niños necesitan tropezarse y comprometerse con la cruda materia de la que la vida está hecha: el tiempo no estructurado.

¿Por qué el tiempo no estructurado es tan importante para los niños?
El tiempo no estructurado da a los niños la oportunidad de explorar su mundo interno y externo, lo cual es el comienzo de la creatividad. Esta es la manera en la que aprenden a comprometerse con ellos mismos y con el entorno, a imaginar, inventar y crear.

El tiempo no estructurado también desafía a los niños a explorar sus propias pasiones. Si les mantenemos ocupados con clases y actividades estructuradas, o si “llenan” su tiempo con entretenimientos de pantalla, nunca aprenderán a responder a las señales de su propio corazón, que podría llevarles a estudiar las imperfecciones de la acera, a construir un fuerte en el jardín de atrás, a modelar un monstruo de arcilla, a escribir un cuento o una canción o a organizar a los niños del barrio para rodar una película. Estas llamadas de nuestro corazón son las que nos dirigen a las pasiones que darán sentido a nuestras vidas, y están a nuestra disposición desde el comienzo de nuestra infancia, cuando tenemos rienda suelta para explorar y perseguir aquello donde nuestro interés nos lleve.

Es también esencial para los niños el tener la experiencia de decidir por si mismos como usar los periodos de tiempo no estructurados, o nunca aprenderán a manejarlos. Uno de nuestros mayores desafíos como adultos, o incluso como adolescentes, es aprender a manejar bien nuestro tiempo.

Como Nancy H.Blakey dijo, “prevé el tiempo gastado en televisión y actividades organizadas y déjales en cambio gastarlo en apelar a su imaginación. Si una cosa no puede ser imaginada primero (una tarta, una relación, una cura para el SIDA…), no podrá existir. La vida está unida a lo que podemos imaginar. No puedo sembrar la imaginación en mis hijos. Puedo, sin embargo, proveerles de un entorno donde su creatividad no signifique otro desastre que limpiar sino la evidencia de una exitosa lucha contra el aburrimiento. Es posible que el aburrimiento nos entregue la mejor parte de nosotros mismos, la que desea el riesgo, la iluminación y la belleza indescriptible. Si nos quedamos sentados quietos el tiempo suficiente, podremos oír la llamada escondida detrás del aburrimiento. Con práctica, podremos tener la imaginación suficiente para salir del vacío y contestar.”

¿Por qué el “me aburro” se convierte en un freno constante para tantos niños?
La mayoría de los niños, si se les da tiempo no estructurado y tras alguna pequeña queja, aprovechan la oportunidad y encuentran algo interesante que hacer con él. Los niños siempre son felices al máximo con juegos autodirigidos. Esto es así porque jugar es su “trabajo”. Es como resuelven emociones y experiencias que han tenido. Observa cómo juega cualquier grupo de niños (en el exterior, donde no hay posibilidad de pantallas). Se organizarán entre ellos para una actividad de cualquier tipo, la construcción de un dique en el arroyo, cualquier juego de emulación o viendo quien salta más lejos.

Cuando los niños no son capaces de encontrar algo que hacer, usualmente es porque:

Están tan acostumbrados a los entretenimientos de pantalla que no tienen práctica en mirar dentro de ellos mismos en busca de directrices.
Su tiempo es siempre tan estructurado que no están acostumbrados a encontrar cosas divertidas que hacer con su “tiempo libre”.
Necesitan atención de los padres. Todos los niños necesitan encontrarse con sus padres a lo largo del día para “recargarse”.
Desafortunadamente, nuestra sociedad está creando toda una generación de niños adictos a las pantallas. Esto es debido a que la electrónica (Ipads, teléfonos, ordenadores, game boys…) está diseñada para producir pequeños premios, en forma de dopamina en nuestros cerebros, mientras interactuamos con ellos. Esta es una sensación tan agradable que, en comparación, otras empalidecen.

Pero los niños necesitan todo tipo de experiencias: desde construir con bloques (habilidades motoras, habilidades perceptivas), relacionarse con otros niños (aprendiendo como llevarse y compartir con otros) hasta actividades creativas (convirtiéndose en un “hacedor”, no en un observador pasivo). Los niños también necesitan estar físicamente activos o no pueden concentrarse para aprender. Es por esto por lo que es necesario limitar el tiempo ante la pantalla.

Cuando los niños dicen que están aburridos, ¿cómo deberíamos nosotros (los padres) responder?
Primero, deja lo que estés haciendo y céntrate de verdad en tu hijo durante cinco minutos. Si utilizas este tiempo para conectar, charlar y haceros mimos, tu hijo probablemente conseguirá la “recarga” que necesita y se irá por su camino con bastante rapidez.

Si no se suelta de tu lado, y necesitas volver al trabajo después de unos minutos de auténtica conexión, ten en consideración que quizá necesita un poco más de tiempo contigo. La mayoría de ocasiones en que los niños se muestran “quejicas” e incapaces de concentrarse se debe a que necesitan más tiempo de conexión profunda con nosotros. Ofrécele involucrarse en lo que estás haciendo o tómate un descanso de tu trabajo y haced algo juntos.

Una vez que estés seguro de que tu hijo tiene su “tanque de amor” completamente lleno, puedes volver a la pregunta “qué hacer”. Para entonces, probablemente él ya tenga algunas ideas de cosas que le gustaría ir a hacer. Si no, dile que imaginarse cómo disfrutar de su tiempo es su trabajo, pero que te encantaría ayudarle con una lluvia de ideas sobre posibles actividades.

¿Qué ocurre cuando los niños de verdad necesitan ayuda para conseguir encontrar una actividad que rompa con su aburrimiento? ¿Cómo ayudar mientras les sigues haciendo responsables de seguir ocupados/comprometidos con su tiempo libre?
La mayor parte del tiempo, dejando a los niños con sus propios recursos acaban encontrando algo interesante, pero a veces realmente necesitan nuestra ayuda, especialmente si de pronto tienen más tiempo entre sus manos que de costumbre o si estás limitando la televisión y la electrónica por primera vez. (Una vez que los niños se acostumbran a estas limitaciones se convierten en expertos en entretenerse a ellos mismos y se vuelven más creativos a la hora de jugar.)

Incluso si tienes que ayudar a tu hijo a pensar en alguna cosa que hacer, pásale la responsabilidad creando el Tarro del Aburrimiento, lleno de ideas escritas en trozos de papel. Cuando diga que se aburre, tendrá que coger tres papelitos del tarro y elegir una de las actividades. Aquí tienes algunos ejemplos de ideas que podrían estar en su Tarro contra el Aburrimiento:

Escribir una carta a la abuela
Correr dando vueltas al jardín tres veces
Poner algo de música y bailar
Escribir en un papel diez cosas que te gustan de cada miembro de tu familia
Cepillar al perro o darle un baño
Buscar formas en las nubes
Ver cuántas veces puedes acertar en la canasta de baloncesto
Hacer un dibujo
Lavar el coche
Planear una caza del tesoro con pistas
Montar en bici
Hacer un paisaje en una caja de cartón
Empezar un diario
Hacer papel de regalo casero
Organizar tu habitación
Escribir un cuento
Crear una obra de teatro con disfraces
Recortar fotos de revistas y hacer un collage
Sorprender a mamá haciendo la comida
Hacer un zoo con los peluches
Hacer y decorar un calendario, marcando las fechas importantes
Poner zumos y frutas cortaditas en moldes de hacer hielo y hacer cubitos de frutas
Crear un periódico familiar
Hacer un postre
Comenzar una colección (hojas, piedras, botones…)
Colgar una cuerda de tender la ropa en tu habitación y enganchar fotos de ella con clips para hacer un álbum
Inventar una actuación de circo
Hacer que tu habitación sea una selva
Hacer un recorrido de obstáculos
Hacer un mantel de juegos (solo hay que plastificarlo en alguna copistería de la zona)
Escribir un poema
Decorar alguna camiseta vieja con botones chulos
Empezar un club (de niños)
Usar tubos viejos de cartón y cajas para hacer un laberinto fantástico
Hacer arte aprovechando bisuterías o joyas antiguas
Leer un libro
Hacer una pelea de globos de agua (¡en el exterior!)
Memorizar un poema y recitárselo a tus padres
Hacer un barquito con una botella de plástico y palitos de helados (usar cinta adhesiva para pegar) y hacerlos flotar en el estanque
Dibujar una isla desierta y todas las cosas que te llevarías
Tapar los ojos a tu hermano o hermana y llevarle a dar una vuelta por la casa y el jardín, y luego intercambiaros
Jugar a algún juego de mesa
Crear tu propio juego de mesa
Intentar pintar un dibujo con tu pié
Pintar en la acera con tiza
Jugar al truquemé
Jugar a saltar a la cuerda
Jugar con pompas en el lavabo
Quitar las malezas del jardín
Limpiar el espejo con una esponja
Hacer un libro de chistes
Construir un fuerte con sábanas y almohadas
Hacer muñecos con calcetines viejos y botones
Hacer una lista de cosas divertidas que harías con un adulto

Si realmente parece que no encuentra nada que hacer, ¿es el uso de aparatos electrónicos y televisión una solución aceptable?
El problema de usar la televisión o juegos electrónicos para aliviar el aburrimiento es que es una de las soluciones que te mete en un agujero más profundo. Existen estudios que muestran que los niños que juegan habitualmente con consolas se van a sentir aburridos más a menudo que otros niños. Incluso después de eliminar el hábito, puede ser que pasen meses antes de que encuentren otras actividades que les apasionen. Pero, ¡no te rindas! Estas haciendo a su creatividad un enorme favor.

Si tu hijo sabe leer, nunca hay “nada” que hacer. Hay un mundo entero de libros esperándole. Por supuesto necesitarás una visita semanal programada a la biblioteca para encontrar esos libros. Y tendrás que “enganchar” a tu hijo a la lectura comenzando a leer con él. Elige un libro que pueda leer, pero que quizá no eligiese por sí mismo. Un libro sencillo por capítulos en vez de un libro de dibujos, por ejemplo. Leed juntos hasta que tengas que contestar una llamada de teléfono o tengas que comenzar a preparar la cena, pero por lo menos un cuarto de libro para que tu hijo se quede enganchado. Entonces, dile que es el momento de que siga leyendo solo. Es su elección. ¿Quiere seguir leyendo el libro que estabais leyendo juntos o prefiere leer otra cosa? La mayoría de los niños cogerá el libro y lo terminarán por sí mismo. (Y, si no lo hace, tendrás que elegir un libro de un nivel un poco inferior la próxima vez.) Sigue eligiendo cada vez libros más grandes, ligeramente más difíciles.

Si tu hijo SABE leer pero ya ha estado leyendo todo el día, necesita un descanso, tú has pasado ya media hora con él y no puedes pasar más tiempo, no hay compañeros de juego disponibles y además no encuentra nada que le interese en el tarro del aburrimiento, necesita un proyecto especial con el que entusiasmarse. Es el momento de sacar algo que hayas estado guardando. En mi caso eran palillos de dientes, nubes y gominolas con las que se podían construir maravillosas esculturas y que, por supuesto, tenían el atractivo especial de que algunas encontraban su camino a pequeñas bocas que no estaban acostumbradas a tomar demasiado azúcar. Quizá tú no elegirías esto mismo, pero para todos los niños existe algo que encontrarán fascinante durante media hora y que podrías tener preparado para situaciones de emergencia.

Si tu hijo no sabe leer aún pero tú estás disponible, hay miles de cosas maravillosas que puedes hacer con él. Es posible que justo cuando esté llorando te quedes en blanco, así que es buena idea que tengas una lista hecha de antemano. Te recomiendo encarecidamente juegos que estén diseñados para acercarte a tu hijo porque estos llenarán sus necesidades, después de lo cual le resultará más fácil encontrar alguna otra cosa que hacer. (También os ayudan a profundizar en la relación, lo que hace a los niños mucho más cooperativos y os hace a los dos más felices.)

Así es que esos momentos en los que realmente no hay “nada” que hacer se dan básicamente cuando tu hijo aun no sabe leer lo suficientemente bien como para estar entretenido una hora y tú estas ocupada. Si puedes incluir a tu hijo en tu actividad, el problema está resuelto. A los niños pequeños les encanta limpiar las ventanas, hacer la cena, ayudarte a doblar la colada, etc. Si no se les puede implicar directamente (por ejemplo, porque estás removiendo la comida en el fuego o cortando cebolla), colócalos en una mesa de su tamaño a tu lado en la cocina, dales un cuchillo de plástico y algo de fruta, y déjales hacer macedonia para el postre. No habrás visto jamás un niño tan orgulloso. O déjales limpiar con agua la terraza mientras tú pasas la aspiradora dentro de casa. O que limpien el armario donde están las ollas y las sartenes.

Pero ahora imaginemos que estás haciendo algo en lo que de verdad no te puede ayudar, como dando de mamar al bebé para que se duerma, y necesitas que tu pequeño esté ocupado y tranquilo. Esto es ciertamente un desafío. Los niños en edad preescolar generalmente estarán encantados de entretenerse una hora entera con arena y agua (colócales en el baño una bañerita de bebé con agua, cubiletes, juguetes para escurrir el agua, o una piscina pequeña de plástico con arena).

Pero el problema principal con los niños pequeños es que necesitan supervisión. En este caso, cuando no puedes supervisarles, ¿es tan terrible para un niño de dos o tres años sentarle durante media hora frente a una pantalla? Por supuesto que no. Elige alguna grabación que tenga una duración limitada para que haya un final natural y así te evites peleas cuando la apagues. Además, de paso evitas que vea anuncios. Dale al niño algo para esperar hacer después contigo, como pasar un tiempo especial juntos una vez que el bebé esté dormido. Y asegúrate de apagar la pantalla cuando ya estés disponible, en vez de aprovechar para terminar “solo una cosita más” en tu ordenador.

Laura Markham http://www.crianzanatural.com/art/art180.html

10 claves para educar 

Educar en la excelencia
Foto: ISTOCK Ampliar foto

En la apasionante tarea de la educación, padres y profesores juegan un papel crucial, ya que de ellos depende en gran medida la motivación de los niños para desarrollar sus intereses intelectuales. Si además del gusto por el estudio buscamos una excelencia en la educación, es fundamental seguir unas bases en el planteamiento educativo familiar, en los profesores, en las programaciones didácticas, en el aprendizaje y sus métodos, en la motivación y en toda actividad docente educativa.

Precisamente, para labrar el camino de una educación que aspira a la excelencia, Julio Gallego Codes, psicopedagogo y orientador escolar, en su libro En busca de la excelencia (Palabra, 2016) sienta las bases que nos ayudarán a lograrlo.

Educar en la excelencia no supone una tarea fácil. Todos los padres y profesores que persigan educar hacia la excelencia están obligados a conocer una serie de puntos determinantes para poder conseguir lo que pretende, como la libertad, el respeto, la motivación, el fomento de la autoestima, el adquirir un buen hábito de estudio, educar la afectividad o controlar la inteligencia emocional. Todo esto para lograr que el niño que hoy estamos educando el día de mañana pueda aprender a pensar con criterio y por sí mismo.

10 claves para una educación basada en la excelencia

Educar en la excelencia

1. La ilusión, el motor del aprendizaje. En un ambiente de ilusión y optimismo, pues se conseguirán mayores logros. Padres y profesores tienen un papel determinante a la hora de fomentar la ilusión en los niños y jóvenes, así como en el reconocimiento del trabajo bien hecho. Han de dar ejemplo, tener buen humor y optar siempre por la palabra cálida y estimuladora.

2.  Libertad frente adiestramiento. La educación en la libertad prepara al niño para que encuentre quien le descubra qué es el amor, en una situación de ser amado. La libertad ha de ir creciendo y desarrollándose conforme se avanza y esto se irá consiguiendo, en parte, gracias a un interés personal y a una motivación.

3.  La capacidad de reflexión. Educar en la libertad implica también una serie de exigencias: el diálogo, el fomento del criterio propio, la reflexión, el ser ordenado, y todo ello para conseguir forjar personas responsables. “La sociedad necesita personas responsables y maduras que tomen decisiones, de ahí que la educación en libertad sea la que mejor posibilita que los hombres sean así”, explica Gallego.

4.  Optimismo y esperanza en el horizonte. La educación en la excelencia debe estar basada en la esperanza. La esperanza “dilata el corazón” y nos proporciona una vida más agradable y feliz. Los sucesos negativos no son permanentes, sino circunstanciales. Por ello, es importante tener y forjar una actitud optimista en los niños.

5.  Fomento de la autoestima y el autoconcepto. En el niño, y en toda persona, tiene especial relieve lo que digan y piensen de él. En el autoconcepto de los hijos influye de manera determinante la opinión de los adultos. Por eso, es muy importante ofrecer al niño nuestra visión más positiva.

6.  Formar de verdad el carácter. Para enfrentarnos a este reto, padres y educadores debemos fomentar la repetición de acciones para que éstas lleguen a convertirse en hábitos. Algunas de las tareas que se proponen en este libro para tal efecto son: enseñar a los niños a aprovechar el tiempo, valorar de forma positiva el esfuerzo que se ha realizado, castigar los malos comportamientos, mostrar actitud de fortaleza ante la dificultad, animar a superar el desánimo o fomentar las buenas lecturas.

7.  Tener ideales. Trabajar para conseguir objetivos para por prestar atención a puntos ccomo tener ideales y metas por las que luchar, llevar un orden, educar en la generosidad y la constancia, saber decir no, superar las frustraciones o educar la voluntad.

8.  Educación en valores. La familia es el lugar en el que se transmiten los valores que estarán presentes a lo largo de la vida. La educación en valores debe acompañar y estimular a los niños y adolescentes hacia niveles de autonomía cada vez mayores. Educar en la honradez, el trabajo y el esfuerzo son los primeros valores que hay que inculcar.

9.  Los deberes, también. Para conseguir una excelencia en el estudio, padres y educadores deben conocer una serie de consejos para lograr este objetivo. En primer lugar, es fundamental que el niño adquiera unos hábitos y estrategias en el estudio, para lo cual ha de fijarse un plan de estudio y cumplir un orden. Después hay que estimular la continuidad y para estudiar todos los días los padres deben generar un ambiente agradable que motive y estimule al estudio. Y lo más importante, según Gallego Codes es crear “una campaña de elogio al esfuerzo”. El fomento de la lectura también es crucial en esa búsqueda de la excelencia.

10.  Una afectividad bien ordenada. Según Gallego Codes, otro de los pilares que es necesario educar en este camino hacia la excelencia es el de la afectividad. “La educación sentimental es uno de los núcleos en torno a los cuales se organiza la vida y es en sus estratos más profundos donde se encuentran las raíces de casi todo lo demás. Por ello es esencial educar los sentimientos, si no, no estaríamos dando una educación integral a los hijos”.

María Redondo

 

hacerfamilia.com