Jesús, confío en ti

( Traducción al italiano: http://empatici.com/?p=1173 )

Cuenta una antigua tradición que un día San Agustín paseaba por la orilla del mar, dando vueltas en su cabeza a muchas de las doctrinas sobre la realidad de Dios. De repente, alza la vista y ve a un hermoso niño, que está jugando en la arena, a la orilla del mar. Le observa más de cerca y ve que el niño corre hacia el mar, llena el cubo de agua, vuelve donde estaba antes y vacía el agua en un hoyo.

Así lo hace una y otra vez. Hasta que ya San Agustín, sumido en gran curiosidad le pregunta: “¿Qué haces?” Y el niño le responde: “Estoy sacando toda el agua del mar y la voy a poner en este hoyo”. Y San Agustín dice: “Pero, eso es imposible”.

Y el niño responde: “Más imposible es tratar de hacer lo que tú estás haciendo: Tratar de comprender en tu mente pequeña el misterio de Dios”.

El demonio se sirve del hecho de que nunca podremos entender del todo a Dios para hacernos desconfiar y que nos alejemos de Él. Es una táctica que le da buenos resultados porque la confianza está muy relacionada con la esperanza y aunque la esperanza parece la virtud teologal menos importante, es ella la que tira de la fe y de la caridad.

Vemos en el capítulo 3 del Génesis como el demonio tienta a Adán y Eva:

La mujer dijo a la serpiente – “Dios nos ha mandado: no comáis ni toquéis el fruto del árbol que está en medio del jardín, pues moriréis”.

La serpiente dijo a la mujer: – “No moriréis en modo alguno; es que Dios sabe que el día que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”.

Adán y Eva comieron porque desconfiaron de la veracidad de Dios y por tanto de su bondad.

Si el demonio consigue que veamos a Dios como un riguroso examinador de nuestra conducta en vez de como un Padre amoroso ha ganado la batalla porque seremos nosotros los que lo alejemos de nuestras vidas y de nuestras leyes y de nuestras costumbres.

Dios no deja de mostrarnos su amor. Se ha encarnado por amor, ha padecido y ha muerto por amor. Nos ha dejado la Eucaristía y los demás sacramentos y a su madre por amor. Pero los hombres somos olvidadizos, así que a lo largo de los siglos nos va recordando cuánto nos quiere y procura fortalecer nuestra confianza en Él.

a) Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío

Margarita María Alacoque nació en Francia en 1647, perdió a su padre a los 18 años. Cayó enferma y durante 4 años estuvo inmovilizada en cama hasta que la Virgen la curó milagrosamente. Se hizo monja en 1671 con 24 años.

A partir de diciembre de 1673 tuvo una serie de revelaciones. Jesús quería promover la devoción a su Sagrado Corazón.

Jesús pidió que se le construyese un templo, que se le pintase una imagen resaltando su corazón y el lema “Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”, que se le dedicase una fiesta y que se le consagrasen las almas y los países.

Algunos mensajes:

– A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado.

– Daré la paz a las familias.

– Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte.

– Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.

– Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.

– Las personas que propaguen esta devoción, tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.

– A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.

Santa Margarita falleció en 1690 a los 43 años de edad. Pasaron 166 años y en 1856 Pío IX extendió la fiesta del Sagrado Corazón a toda la Iglesia: se celebra ocho días después de Pentecostés.

En 1864 fue beatificada Santa Margarita.

El 1875 el arzobispo de París puso la primera piedra de la Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre y en 1902 se inició la construcción del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón en el Tibidabo (Barcelona).

España fue consagrada al Sagrado Corazón en 1911, durante el XXII Congreso Eucarístico. Se reiteró esta consagración en Madrid, en el Cerro de los Ángeles, en 1919. También se consagraron muchos otros países.

En 1920 fue canonizada santa Margarita.

b) La confianza sencilla y amorosa en Dios

Santa Teresa de Lisieux nació en 1873, entró en un convento de carmelitas en 1888. Murió en 1897 a los 24 años. Su mensaje fue que “la confianza sencilla y amorosa en Dios conduce a la santidad” y así lo explicó:

“Siempre he deseado ser santa. Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos, siempre constato que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en el cielo y el oscuro grano que los caminantes pisan al andar. Pero en vez de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo. Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor la suple ventajosamente. Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. Entonces busqué en los Libros Sagrados algún indicio del ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de la Sabiduría eterna: ‘El que sea pequeñito, que venga a mí’. Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: ‘Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré’. Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más. Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias”.

Fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925. En 1997 Juan Pablo II la declaró doctora de la Iglesia.

c) Jesús, confío en ti

En el siglo XX empieza el Señor una nueva iniciativa. Se trata de destacar la misericordia de Dios Padre que se hace visible a través del amor de Jesús y de la ternura de su corazón.

En 1905 nació en Polonia Santa Faustina Kowalska, de familia muy pobre, entro en un convento en 1928, falleció de tuberculosis en 1938 a los 33 años.

Desde 1931 se le apareció Jesús, le enseñó la oración de la coronilla de la divina misericordia. Le pidió que se le pintara un cuadro tal como se le había aparecido, con la mano derecha bendiciendo y con la izquierda señalando su corazón y que añadiera el lema “Jesús, confío en ti”. Y que se le dedicara como fiesta de la Misericordia el segundo domingo de Pascua.

Todo quedó recogido en un diario de más de 600 páginas, algunas frases son las siguientes:

– “La Fiesta de la Misericordia será un refugio para todas las almas. En ese día, el alma que irá a la Confesión y recibirá la Sagrada Comunión obtendrá el perdón completo de los pecados”.

– “Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá”.

– “Otorgaré inmensas gracias a las almas que recen esta coronilla”.

– “Mi Corazón desborda con gran Misericordia para las almas, y especialmente para los pobres pecadores. Si solo pudieran entender que yo soy el mejor de los Padres”.

– “Cuanto mayor es la miseria de un alma, mayor es su derecho a mi Misericordia; Exhorta a todas las almas a confiar en el abismo insondable de mi Misericordia, porque quiero salvar a todos”.

– “Di a todas las personas, hija Mía, que yo soy el Amor y la Misericordia. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la lleno de tal abundancia de gracias que no puede contenerlas dentro de sí, sino que las irradia a otras almas”.

– “A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protegeré durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido”.

Santa Faustina murió en 1938.

Pasaron 42 años… En 1980 Juan Pablo II publicó su encíclica “Dives in Misericordia” (Rico en Misericordia).

En 1993, el segundo domingo de Pascua, fue beatificada Santa Faustina.

En 2000, el segundo domingo de Pascua, Juan Pablo instituyó la fiesta litúrgica universal de la Divina Misericordia y canonizó a Santa Faustina.

En 2005, en la víspera de la fiesta Divina Misericordia, falleció Juan Pablo II.

En 2011 fue beatificado Juan Pablo II en la fiesta de la Divina Misericordia y fue canonizado en esa misma fiesta en 2014.

En 2016 el Papa Francisco publicó el libro “El nombre de Dios es misericordia” en el que decía: “La misericordia es la característica de Dios: La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos”.

Aconsejo rezar la coronilla. Se tarda unos 5 minutos. También aconsejo decir la jaculatoria “Jesús, confío en ti”, da muchísima paz.

Álvaro Gámiz

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La Coronilla de la divina Misericordia

Se hace la señal de la cruz: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

OraciónExpiraste, Jesús; pero la fuente de vida brotó para las almas, y el mar de misericordia se abrió para el mundo entero. ¡Oh, fuente de vida, insondable misericordia divina!, abarca el mundo entero y derrámate sobre nosotros.

Luego, se dice tres veces¡Oh, sangre y agua que brotaste del corazón de Jesús, como una fuente de misericordia para nosotros, en Ti confío!

LuegoPadrenuestro, Ave María y Credo.
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Para cada una de las 5 decenas:
“Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.”

Diez veces: Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Rezadas las cinco decenas se dice tres veces: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad o misericordia de nosotros y del mundo entero.

Oración final: Oh, sangre y agua, que brotaste del Sagrado Corazón de Jesús como una fuente de misericordia, en ti confío.

Se hace la señal de la cruz: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.